GRAMÁTICA

Fonética y Fonología

La lengua hablada


La lengua escrita es una mera sustitución convencional de la lengua hablada. Entre otras diferencias (que especificamos extensamente en la lección 17ª), sobresale la de que la primera utiliza letras para su expresión mientras que la segunda lo hace mediante sonidos y fonemas. Para la comprensión y diferenciación de estos tres términos (letras, sonidos, fonemas), podríamos imaginar que nos encontramos en un mercado ante un puesto en el que vendan exclusivamente rábanos: si los observamos atentamente, veremos que ningún rábano es idéntico al de al lado ni a ninguno de los restantes (equivaldría a decir que los sonidos de la lengua son todos distintos entre sí y tan numerosos como la suma de los rábanos existentes en el puesto); pero todos los rábanos son, en definitiva, rábanos, es decir, una hortaliza distinta a los tomates, a los pimientos,... (lo que equivaldría a decir que, por muy diferentes que sean los sonidos y los rábanos entre sí, no se salen nunca de eso que los caracteriza frente a otras hortalizas, el ser rábanos, es decir, el ser un determinado fonema); si observamos ahora el rótulo comercial del puesto, se verá dibujado en él un rábano junto al nombre del comerciante (equivaldría a una representación escrita del concepto rábano, como las letras de la escritura son representaciones escritas de los fonemas). Por tanto:

Sonidos
  • Los sonidos de la garganta humana (que son, en realidad, una parte mínima de la infinidad de ruidos que se producen en la Naturaleza) son, a su vez, casi infinitos si nos fijamos en las ingentes posibilidades articulatorias que pueden llegar a producirse cada vez que un ser humano intenta articular un brevísimo mensaje: cada hablante pronuncia de muy distinta manera a como lo hace el de al lado; incluso dentro del mismo hablante se producen distintas pronunciaciones de los mismos sonidos dependiendo de si está -por poner un solo ejemplo- sano o resfriado. Cada uno de esos sonidos puede ser también denominado alófono y, en una transcripción fonética, se representan mediante unos símbolos especiales encerrados entre corchetes: [ámbito], [biace].
Fonemas
  • Pero todos esos casi infinitos sonidos que puede producir un hablante (castellano, por referirnos ya a una sola lengua) intentan siempre acercarse lo más posible a un número finito de ellos, generalmente muy corto (veinticuatro tenemos en castellano), a los que se denomina fonemas. En una trasncripción fonológica, se representan también mediante símbolos especiales muy semejantes a los de los sonidos, que luego señalaremos en un esquema, encerrados entre barras: /biace/, /ámbito/.
Letras
  • Cuando esos veinticuatro fonemas del castellano se usan en la escritura, necesitan de veintiocho letras para poder ser representados ya que hay fonemas que son representados por más de una letra e incluso hay letras que no representan a ningún fonema. Para su representación se utiliza el alfabeto: viaje, ámbito.

Todo lo anteriormente dicho puede ser ejemplificado nuevamente del siguiente modo: si hacemos que un grupo de diez hablantes pronuncie las palabras Bartolomé, Venancio y Wenceslao y estudiamos fonética y fonológicamente cómo ha sido realizado el primer sonido (o fonema, o letra) de esas palabras, apreciaremos que los sonidos resultantes podrían acercarse fácilmente a la treintena (ya que cada hablante articula los sonidos y sus alófonos de muy distinto modo); los fonemas resultantes serían solamente uno (pues todos los hablantes pretenden la pronunciación de /b/ y, por mucho que intentasen pronunciarla de un modo extraño, siempre les saldría ese único fonema /b/); y las letras utilizadas para la escritura de esos vocablos serían tres (B, V y W). En resumidas cuentas, los fonemas (algo abstracto) de una lengua se pronuncian con sonidos más o menos distintos (pero muy concretos) y se escriben con letras.

Fonética, Fonología y Ortografía


Por ello hay tres partes de la Gramática que estudian este fenómeno: la Fonética, la Fonología y la Ortografía, como se aprecia en el siguiente esquema:

sonidos, fonemas y letras

La pronunciación


Mientras se produce la pronunciación de un sonido cualquiera, los órganos articulatorios realizan dos acciones básicas:

La fonación
  • La primera es una expulsión de aire desde los pulmones hasta el exterior (fonación), de modo semejante a cuando respiramos o a cuando tocamos una flauta: hasta que no tapemos algún agujero de la flauta, el sonido será siempre el mismo.
La articulación
  • En la segunda, el aparato articulatorio utiliza tres órganos (las cuerdas vocales, el velo del paladar y la lengua) para conseguir que ese sonido deje de ser siempre el mismo y varíe hasta producir todos los sonidos (o fonemas) de nuestra lengua (articulación). Según usemos estos tres órganos, así se articularán los distintos sonidos, produciéndose un efecto semejante al que se consigue tapando con los dedos los agujeros de la flauta. Se da lugar, así, a una combinación de posibles sonidos distintos según tapemos uno, dos o varios agujeros de ese instrumento o según vibren las cuerdas vocales o no vibren, o según dejemos que el aire salga por la boca o por la nariz, o según pongamos la lengua de una manera o de otra. Se producen así, por tanto, tres grupos de rasgos distintivos o pertinentes en cada sonido, que permitirán la plena diferenciación de un sonido (o, mejor ahora, un fonema) con respecto a otro. Así:
  • al pasar el aire por las cuerdas vocales, estas vibran o no lo hacen, lo que produce que el sonido que llega a la cavidad bucal sea sonoro o sordo;
  • la acción que realiza después el velo del paladar permite que los sonidos sean orales o nasales, es decir, emitidos sólo a través de la boca o acompañados de la expulsión de parte del aire por la nariz.
  • la acción que finalmente realiza la lengua consiste en adoptar distintas posiciones dentro de la cavidad bucal; de ese modo, en la boca se producirá una caja de resonancia tal que los sonidos resultantes pueden ser muy distintos: todo dependerá delmodo en que se encuentre esa cavidad y del punto en que toque la lengua dentro de esa cavidad. Los distintos lugares de la boca que intervienen en la articulación de los fonemas son los siguientes: los labios, los dientes, los alvéolos, el paladar y el velo del paladar.

Procederemos a continuación a la clasificación de los sonidos del castellano, si bien nos ocuparemos sólo de los fonemas, por razones didácticas. Lo primero que debemos hacer es dividirlos en vocales y consonantes.

Clasificación de las vocales


En el momento de la pronunciación de las vocales, las cuerdas están vibrando, por lo que todas son sonoras. Como siempre salen con la boca bien abierta, son también todas orales, así que para poder pronunciar las cinco vocales castellanas de modo distinto ha de ser la lengua la única que intervenga para diferenciarlas. Por ello, las vocales sólo se clasifican atendiendo al punto y al modo de articulación, es decir, al punto o lugar en que se coloca la lengua y al modo como se pone la cavidad bucal; y se denominan según muestra el siguiente esquema:

clasificación de las vocales

Para comprobar gráficamente la diferencia existente entre ellas basta con pronunciarlas todas seguidas, pero en el orden i e a o u, para que se vaya apreciando cómo la cavidad bucal va adoptando distinta abertura y se va produciendo el sonido cada vez más adentro.

Clasificación de las consonantes


Las consonantes se clasifican atendiendo a todos los rasgos de articulación que hemos señalado antes; y hay que añadir, además, que la acción de las cuerdas vocales no sólo las clasifican en sonoras y sordas sino también en líquidas o no líquidas, como se ve en el siguiente esquema:

clasificación de las consonantes

Como se aprecia en el esquema, las consonantes pueden clasificarse atendiendo a tres puntos de vista distintos:

Acción de las cuerdas vocales

Según la acción de las cuerdas vocales, se dividen en:

  • sordas,  cuando no existe vibración.
  • sonoras, cuando sí existe vibración. Para percibir didácticamente esta vibración basta con intentar pronunciar /b/ y se notará inmediatamente que se produce en la garganta un "ronroneo" antes de poder abrir los labios; si se intenta a continuación pronunciar /p/ se verá que no se produce ese "ronroneo", señal evidente de que las cuerdas vocales vibran para la pronunciación de /b/ y no lo hacen al pronunciar /p/.
  • dentro de las sonoras han de ser incluidas las líquidas, denominadas así por ser más sonoras de lo que suele ser una consonante. Las líquidas tienen la particularidad de ser casi tan sonoras como las vocales, lo que les permite ser pronunciadas junto a otras consonantes al unísono; así, lo mismo que podemos pronunciar /ba/, /pa/, podemos pronunciar /bra/, /bla/, /pra/, /pla/, pues esas dos consonantes (l,r) están a medio camino entre las vocales y las consonantes.
El punto de articulación

Según el punto de articulación (o punto o lugar concreto de la cavidad bucal donde se produce el fonema), las consonantes se clasifican atendiendo a los siguientes rasgos distintivos:

  • bilabiales, pues son los dos labios los que, al juntarse, permiten la pronunciación de /p,b,m/.
  • labiodentales, pues los dientes superiores se afirman en el labio inferior para poder pronunciar /f/.
  • interdentales, pues la lengua se coloca entre los dientes para pronunciar /q/.
  • dentales, pues la lengua toca los dientes por su parte interior para la pronunciación de /t,d/.
  • alveolares, pues la lengua toca los alvéolos para que puedan pronunciarse /s, n, r, rr/.
  • palatales, pues la lengua toca el paladar para pronunciar /ch, y, ñ, l, ll/.
  • velares, pues la lengua toca el velo del paladar para la pronunciación de /k,c,g/.
El modo de articulación

Según el modo de articulación, la cavidad bucal se coloca de determinadas formas para que puedan ser diferenciados los grupos de fonemas anteriores. Si no fuese así, podrían pronunciarse iguales consonantes como /b/ (bilabial y sonora) y /m/ (bilabial y sonora), o /y/ (africada y sonora) y /ñ/ (africada y sonora). Hace falta, pues, otro rasgo distintivo para que no se confundan esos fonemas u otros. Los rasgos correspondientes al modo de articulación son:

  • oclusivas: la cavidad bucal se queda como "atrancada" antes de "soltar" los fonemas /p,t,k,b,d,g/.
  • fricativas: el aire sale en forma de "chorro" mientras se articulan los fonemas /f,q,s,c/.
  • africadas: es un modo de articulación conseguido con la mezcla consecutiva de los dos anteriores, ya que se produce un "atranque" seguido de un "chorro" de aire para pronunciar /ch,y/.
  • nasales: el velo del paladar permite que parte del aire salga por la nariz en la pronunciación de /m,n,ñ/.
  • vibrantes: la punta de la lengua vibra una o varias veces para pronunciar /r ,rr/.
  • laterales: la lengua se tuerce lateralmente para la pronunciación de /l ,ll/.

La desfonologización


Cada uno de los rasgos anteriormente descritos es, como llevamos dicho, un rasgo distintivo pues permite distinguir exactamente a cada vocal y a cada consonante de todas las restantes. Pero hay ocasiones en que en determinadas zonas dialectales alguno de esos rasgos no se tiene en cuenta y se provoca la confusión de fonemas, denominada desfonologización; ello ocurre con yeísmo, el seseo y el ceceo:

Yeísmo

El yeísmo consiste en la confusión de /y/ y /ll/: ambas son palatales, pero al yeísta le resulta difícil torcer demasiado lateralmente la lengua para la emisión de /ll/, por lo que la pronuncia africada. A ello se debe que algunos hablantes no distingan la pronunciación de poyo y pollo.

Seseo y ceceo

El seseo y el ceceo consisten en una mera confusión de la colocación de la punta de la lengua a la hora de pronunciar las eses y las zetas o ces: los seseantes las pronuncian todas alveolares, mientras que los ceceantes las pronuncian todas interdentales. A ello es debida la ausencia de distinción al pronunciar casería y cazería.

El archifonema


Pero hay otros casos en los que ocurre al revés: aunque se confundan los fonemas, no importa para la comprensión del mensaje, ya que el vocablo resultante no admite confusión pues el rasgo distintivo omitido no es en ese caso pertinente para la significación; así ocurre, por ejemplo, con el vocablo eucalipto, cuya p puede ser pronunciada sorda o sonora /eukalipto/ o /eukalibto/ sin que se pierda su correcta comprensión. Lo mismo ocurre con la consonante final de Madrid, que puede ser articulada como /t/, o como /d/, o como /q/, sin que se estorbe tampoco la comprensión. Lo que ocurre en estos casos es que se pronuncia un archifonema o fonema que no necesita en ciertos vocablos de algún rasgo distintivo.