El "problema" del sujeto

 

 

 

 

 

            El sintagma sujeto ha de ser interpretado, más que como "el otro" elemento oracional que, junto al "predicado", conforma una oración, como otro complemento más que, junto al verbo y a los complementos a él referidos, conforma la oración. El concepto "predicado", como dijimos en la lección anterior al hablar del concepto de "oración", es sumamente engañoso para la comprensión de la oración ya que conlleva la consideración de que el verbo y los complementos son unidad en sí misma y dejan al margen de ella al sujeto, como si de algo ajeno a ellos se tratase. Y ello no es así en modo alguno, no sólo porque dentro del posible "predicado" ya va incluida la forma sujeto en la desinencia verbal, sino también porque el propio sujeto es una unidad referida tanto al verbo como a los complementos verbales: así, si en Juan vendió la casa el mismo día de su muerte, el sintagma la casa es complemento directo de vendió, no lo es menos del conjunto Juan vendió, pues la casa no se refiere sólo a la acción de vender, sino también al propietario que la vendió; del mismo modo, si Juan es sujeto de vendió, no lo es menos del conjunto vendió la casa, pues podía haber vendido cualquier otra cosa, y, sobre todo, del conjunto vendió la casa el mismo día de su muerte, pues semejante circunstancia temporal guarda más relación con el sujeto que con el verbo o cualquier otro complemento. Lo que venimos a decir con esto es que la tradicional división entre sujeto y predicado parece haber dejado relegado al sujeto a un "apartado" oracional independiente del predicado, lo que, a todas luces, creemos improcedente: los elementos oracionales son todos válidos en la intención del hablante -independientemente del gramático que proceda a posteriori a analizarlos-; hasta tal punto es esto cierto que el hablante puede colocar a su antojo los distintos elementos oracionales, e incluso colocar el sujeto al final de toda la oración como si fuese una mera circunstancia: El mismo día de su muerte vendió la casa Juan. Olvidar al hablante en su intención comunicativa ha provocado, creemos, no pocos malentendidos entre los gramáticos al pretender analizar los mensajes como si fuesen un oasis lingüístico en medio de un desierto de silencios inhabitado, es decir, fuera de todo contexto y refiriéndose casi siempre en sus ejemplos a mensajes fósiles, como de laboratorio, como si hubiesen sido emitidos por un hablante anónimo de la lengua en vez de por uno bien concreto, que es el que siempre la usa. Es el hablante el que crea, con su habla, la gramática; y no el gramático, con su análisis.

            En otro sentido, un concepto tan claro y comúnmente aceptado en su denominación y delimitación como es el sujeto, presenta, en puridad, una casuística nada despreciable y, por lo general, muy olvidada en las gramáticas al uso. Nosotros distinguiremos para su estudio tres formas básicas de sujeto, según se trate de:

·        un sujeto "presente", o "explícito",  o como quiera denominarse, que es el que usualmente aparece en cualquier oración castellana (Los niños llegaron contentos), y que será estudiado con todo detalle a continuación.

·        un sujeto "ausente", que no aparece explícito en el mensaje u oración concreta que vayamos a analizar, sea por:

o           haber sido omitido intencionadamente por el hablante (Llamará mañana), pero no por que este desconozca su existencia real y concreta sino porque no es imprescindible para la comprensión del mensaje emitido: Juan llamará mañana; Tu hijo llamará mañana; ...

o           encontrarse forzosamente elíptico, sin que exista otra posibilidad de explicitación  que no sea la de una real pero abstracta tercera persona del plural (Llaman por teléfono), difícilmente concretable por el hablante: Me atropellaron ayer,...

o           ser inencontrable, para la capacidad lingüística (innata o adquirida) del hablante, tanto en el terreno de los fenómenos naturales (Llueve; Relampaguea;...) como en el terreno de ciertos fenómenos lingüísticos (Hay fiestas; Sobra con eso;...)

·        un sujeto "ilógico", al que la caprichosa o curiosa casuística gramatical de la lengua coloca en situación distinta a cualquiera de las cuatro anteriormente indicadas, lo que permite hablar de los siguientes casos "gramaticales" de un tipo de sujeto al que podríamos tildar de ilógico o de atípico o, cuando menos, de muy "raro" en comparación con el sujeto "usual"; se trataría de los siguientes seis sujetos "especiales":

o           un sujeto que difícilmente sería "reconocido" como tal sujeto por la generalidad de los hablantes; en Me gusta la ventana, un porcentaje elevadísimo de hablantes castellanos con mínimos conocimientos gramaticales interpretaría que en ese mensaje el sujeto sería me y el complemento directo sería la ventana. Estaríamos en el caso de oraciones que podríamos denominar impersonales atípicas.

o           un sujeto "entorpecido" por la presencia en la oración de la forma "se", que permite la expresión de mensajes en los que no se pretende por parte del hablante hacer hincapié en el sujeto de la acción sino en la misma acción realizada (independientemente del sujeto actor o agente de la misma), lo que conlleva  la emisión de mensajes con claro tinte impersonal (Se descubrió a los ladrones), o con evidentes atisbos pasivos (Se descubrieron los robos), o con un apreciable reflejo de la acción en el "objeto" actor (El poste se cayó), etc. Sería el caso de las oraciones impersonales-reflejas, pasivas-reflejas y seudorreflejas (junto a las que han de ser estudiadas las pronominales, aunque sea por razones más didácticas que metodológicas ya que están muy cercanas al problema planteado, aunque ellas mismas no presentan  problema de sujeto).

o           un sujeto "convertible" en complemento agente si se realizara un proceso lingüístico especial consistente en convertir en pasiva una oración activa (El criado sirvió la cena >La cena fue servida por el criado). Sería el caso de las oraciones pasivas.

o           un sujeto precedido de preposición (Hasta Juan ayudaba en la cocina), algo extraño al castellano. Sería el caso de las oraciones pasiactivas.