Las categorías morfológicas

 

 

 

            La tradicional denominación de "partes de la oración" que se da a todas las categorías morfológicas no nos parece del todo correcta pues una de ellas, la interjección, no forma parte de ninguna oración, sino que es en sí misma oración completa (como luego se indicará en la Sintaxis). Además, la lengua dispone de una cantidad apreciable de enlaces supraoracionales que no tienen cabida dentro de ninguna oración, ni siquiera como nexos, ya que no tienen función alguna dentro de las oraciones a las que aparentemente acompañan sino dentro del texto completo, como indicaremos también en su lugar correspondiente de la Gramática textual. Conviene, pues, intentar una nueva denominación y clasificación de las distintas categorías morfológicas, la cual, por un lado, englobe también a la interjección y a los enlaces supraoracionales, y, por otro, se atenga a criterios lo más estrictamente morfológicos que sea posible, criterios que, si bien no pueden dejar de lado enteramente a la Semántica, sí han de procurar alejarse lo más posible de la Sintaxis.

 

Concepto de categoría morfológica

            Por categoría morfológica entendemos en esta gramática al grupo de palabras de nuestra lengua que podría ser usado en cualquiera de sus elementos integrantes en un punto concreto del mensaje sin que ello conllevase mayor problema semántico o sintáctico que el derivado de su carácter relativo-negativo con los restantes miembros de su mismo grupo o paradigma. Así, en un mensaje como ¡Qué suerte tiene el vecino! podría perfectamente ser sustituida cada una de sus palabras integrantes por otra de su misma categoría morfológica (¡Cuánta fortuna posee la portera!) sin que se haya producido mayor perjuicio comunicativo que el que señalamos a continuación:

·        a nivel sintáctico, la variación entre las dos oraciones es nula pues son totalmente idénticas y su análisis sintáctico sería el mismo para ambas;

·        a nivel morfológico, la variación es también nula ya que qué y cuánta son alusivos exclamativos; suerte y fortuna son sustantivos; tiene y posee son verbos; el y la son artículos;  vecino y portera son sustantivos;... Y así podríamos seguir razonando con mensajes como ¡Qué calor despide la estufa!, o ¡Cuánta agua lleva el río!, que presentan la misma sucesión de categorías morfológicas.

·        a nivel semántico, la variación entre ambas oraciones es mínima y exclusivamente referida a la diferencia significativa propia existente entre suerte y fortuna, por un lado; tiene y posee, por otro;  vecino y  portera, por otro; y así sucesivamente.

Procederemos a continuación al deslinde de todas las categorías morfológicas que posee el castellano; para ello nos serviremos de un mensaje tan breve como el siguiente:¡Qué gran tarta se comió ayer el que compró varios décimos para él y para esta, su señora! ¡Ay! Desafortunadamente, ¿por qué no nos los intercambiaríamos anteayer? (tal vez un poco rebuscado, pero muy útil a efectos didácticos). En este mensaje pueden verse reflejadas todas las categorías morfológicas de nuestra lengua, a las que iremos desgajando del ejemplo según el orden que nos va pidiendo el esquema 36:

·        interjección: ¡Ay!

·        enlace supraoracional: desafortunadamente.

·        conjunción: y.

·        preposición: para, para, por.

·        artículo: el.

·        sustantivo: tarta, señora.

·        adjetivo: gran.

·        verbo: comió, compró, intercambiaríamos.

·        adverbio: ayer, no, anteayer.

·        demostrativo: esta.

·        posesivo: su.

·        personal: él, los.

·        reflexivo: se.

·        recíproco: nos.

·        interrogativo: el segundo qué.

·        exclamativo: el primer qué.

·        relativo: que.

·        numeral: décimos.

·        indefinido: varios.

Son, pues, diecinueve (19) las distintas categorías morfológicas existentes en el castellano.Y cada una de ellas podría ser sustituida en el mensaje que nos sirve de guía por otra cualquiera de su mismo grupo morfológico (es decir, de su mismo paradigma morfológico) sin mayor perjuicio semántico o sintáctico para el mensaje que el que conllevara la inherente y lógica diferencia existente entre los distintos elementos integrantes de cada paradigma: así, en el hueco ocupado por tarta podría haber sido utilizado cualquier otro sustantivo de la lengua, si bien con las restricciones evidentes y propias de las relaciones sintagmáticas de nuestra lengua ya que otro sustantivo utilizado habría de poder funcionar como complemento directo de un verbo con significado de "comer".

 

Clasificación de las categorías morfológicas

Todas estas categorías morfológicas son, si se nos permite la imagen culinaria que utilizaremos para su ejemplificación, como los diecinueve ingredientes de que consta el plato típico de la lengua, sin que pueda existir actualmente ni uno más ni uno menos; otros platos diferentes, otros mensajes diferentes, pueden contener o todos o algunos de esos 19 elementos: de ahí la variedad de la lengua y su capacidad para producir mensajes al gusto del emisor. Pero cada uno de esos ingredientes cumple una función muy concreta y única, como ocurre, por seguir con la imagen culinaria, con el vulgar y apetitoso potaje de habichuelas, del que podemos desgajar sus ingredientes tal y como se aprecia observando la parte izquierda del siguiente esquema, en el que se pretende dar una clasificación más gráfica que semántica de las categorías morfológicas:

 

  

·        los sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios son como los ingredientes básicos que ha de contener el mensaje, de modo semejante a como el potaje precisa de las habichuelas, el chorizo, la morcilla, el tocino y las patatas; con ellos solos puede prepararse cualquier guiso (sea o no el pretendido) y, en efecto, un mensaje de primer nivel lingüístico (prácticamente "infantil") podría contener retahílas de vocablos semejantes a Niño malo pegar ayer (= sustantivo + adjetivo + verbo + adverbio); Hoy comer pan calentito (= adverbio + verbo + sustantivo + adjetivo);... La relación léxica existente entre estas cuatro categorías es evidente pues estas cuatro categorías conforman la base léxica de la lengua: lejanía, lejano, alejar, lejos (= sustantivo, adjetivo, verbo, adverbio); cercanía, cercano, acercar, cerca; corte, corto, cortar, cortamente;... Son como las cuatro categorías abiertas de nuestra lengua, las que pueden seguir siendo ampliadas según vaya pidiendo la evolución léxica del castellano, frente a las restantes, que serían cerradas en el sentido de que muy difícilmente podrían ser ampliados o disminuidos sus paradigmas actuales: impensable es hoy día la aparición en nuestra lengua de un nuevo artículo, o de un nuevo demostrativo, o de un nuevo personal; en cambio, a diario son creados nuevos sustantivos, nuevos adjetivos, nuevos verbos y nuevos adverbios, a veces sólo a partir de un mero lexema.

·        los personales, reflexivos, recíprocos, interrogativos, exclamativos y relativos, que coinciden con lo que en otras gramáticas es calificado de "pronombres" (término que, como se irá viendo en lo que sigue, no será utilizado en la nuestra) conformarían el "sofrito" del plato cocinado de modo semejante a como lo harían el tomate, la cebolla, los ajos, la zanahoria, el aceite,..., es decir, son ingredientes no básicos, pero consistentes, con carga alimenticia (todas estas categorías son básicamente pronominalizaciones, es decir, no tienen significación o valor nutritivo en sí mismas, como tampoco pueden ser utilizados para cocinar un plato único y "digno" con ellos; pero son portadoras de otras sustancias necesarias para el organismo, además de que podrían intervenir en la cocción de cualquier otro plato distinto al potaje: sofrito de arroz, sofrito de estofado,...). El sofrito, como es bien sabido, es tal cuando se convierte en una especie de salsa derretida y sin forma definida y aparente; es entonces cuando permite la trabazón de los sabores de todos los ingredientes: ello es lo que ocurre, ya en el terreno de la lengua, con las pronominalizaciones de los personales y relativos sobre todo, o con los interrogativos y exclamativos, que dan un sabor especial al plato cocinado, al que convierten automáticamente en guiso de "lo que sea".

·        los posesivos y demostrativos son como las especias añadidas durante la cocción para conseguir ciertos sabores especiales, que, en el terreno de la lengua, serían los de posesión o mostración.

·        los numerales e indefinidos son como las fuerzas naturales que se aplican al potaje para que pueda acabar siendo cocinado y englobarían tanto al tamaño del recipiente como a la intensidad del fuego o el número de raciones: en el terreno de la lengua se referirían a cualquier tipo de cuantificación.

·        los artículos, preposiciones y conjunciones son como el caldo aglutinador que permite que no se quemen los restantes ingredientes durante la cocción, de modo semejante a como estas categorías permiten  ensamblar de modo inteligible las restantes unidades vertidas en el mensaje. Son, por decirlo de algún modo, las categorías que permiten que el mensaje producido sea sintácticamente correcto, es decir, que el plato cocinado pueda convertirse en eso precisamente, en un plato "cocinado", y resulte a gusto del comensal: que las habichuelas estén tiernas, que todas las cucharadas sepan a cominos,...

·        las interjecciones son como esa cucharada que se toma para probar o para comer una vez terminada la cocción y en la que aparecen todos los ingredientes juntos y muy condensados. Viene a ser como un mensaje en pequeño, una oración minúscula.

·        los enlaces supraoracionales son como la olla o recipiente que contiene todo el plato cocinado sin ser parte integrante de él, pues queda al margen, aunque sin perder ese olor despedido por lo cocinado. En el terreno de la lengua equivaldría al tipo de texto emitido por el hablante: científico, poético,...

La agrupación que de las categorías morfológicas llevamos hecha hasta ahora sólo pretende enfocarlas semánticamente para una mejor comprensión de lo que diremos posteriormente. De hecho, aunque las categorías morfológicas podrían ser clasificadas de muy distintos modos, ninguna de esas clasificaciones las abarcaría satisfactoriamente a todas ellas en su totalidad (condición básica cuya inexistencia invalida cualquier tipo de clasificación) debido a muy diversas circunstancias: ni siquiera los distintos morfemas gramaticales que les son propios (género, número, grado, persona, tiempo, aspecto y modo) permiten una clasificación entre, por ejemplo, categorías variables e invariables, además de que ello no viene a indicar prácticamente nada; tampoco la consideración de si son campos o paradigmas cerrados o abiertos nos sirve pues en los aparentemente cerrados se encuentran siempre formas que tendrían cabida en otros paradigmas; del mismo modo, la aplicación de consideraciones sintácticas a las categorías morfológicas (dividirlas o agruparlas, por ejemplo, en determinantes, adjetivos, "pronombres", etc.) más que a ayudar a lo que lleva es a conseguir una mezcolanza conceptual entre la Morfología y la Sintaxis a veces inextricable;... Ha de convenirse, pues, en que cada categoría morfológica es independiente y única en sí misma desde cualquier punto que se la observe; y, a la vez, guarda con las restantes ciertas semejanzas y diferencias morfológicas que, en unos casos, permiten la total separación de una categoría con respecto a la otra y, en otros, la total identificación de algún elemento morfológico como  incluible dentro de varias categorías a la vez. Lo que venimos a decir es que el abanico de formas morfológicas es un "corpus" heterogéneo que podría ser delimitado en los siguientes grupos (no coincidentes, como se apreciará en la parte derecha del esquema 36, con los que acabamos de hacer fijándonos en la parte izquierda, pero sin poder perderlos de vista):

·        formas con "claro y definido valor léxico y semántico permanente": son las cuatro categorías primeras de la clasificación semántica del esquema (verbos, sustantivos, adjetivos y adverbios, a las que hemos de añadir el artículo como mero morfema gramatical del sustantivo, y de las que habríamos de desgajar los adverbios de "lugar" y de "tiempo") y la interjección, que en sí misma equivale a lo expresado por una oración entera; se apreciará que son categorías muy "independizables" del resto como entidades morfológicas separables.

·        formas con "cierto valor léxico y semántico, indefinido pero permanente": son los indefinidos y numerales, a los que englobamos en la denominación de cuantificadores.

·        formas con "nulo valor léxico y semántico, ni definido ni permanente": aquí pueden ser incluidas casi todas las categorías tradicionalmente asimiladas al término "pronombre" por poder ser encontradas "en lugar de un nombre". Como no usaremos ese término en nuestra gramática (por ser de nulo rendimiento, como luego se verá), podíamos considerarlas a todas ellas como una suerte de "pronominalización" que englobaría:

o       los alusivos (interrogativos, exclamativos y relativos), que siempre "aluden" a un sustantivo o sustantivación cercanos en el mensaje.

o       los deícticos, que intervienen básicamente en la configuración de las deixis personal, espacial y temporal. Son:

§        los posesivos y demostrativos

§        los personales, reflexivos y recíprocos

§        el adverbio, especialmente los de "lugar" y los de "tiempo".

·        formas con "valor exclusivamente sintáctico o textual": son la preposición, la conjunción y los enlaces supraoracionales, a los que podrían ser añadidos los relativos por su evidente función nexual.