Semántica

 

 

 

 

            La Semántica es la parte de la Gramática que se ocupa del significado de los signos lingüísticos o palabras, a los que denomina lexías. Varios son los conceptos básicos que utiliza:

 

El referente

Estos signos o palabras no han de ser confundidos con el referente, que es, como dijimos, no el significado de las cosas, sino las cosas mismas. Por "cosas" hemos de entender no sólo los objetos reales sino también todo tipo de fenómenos: la cualidad, la acción, el movimiento, etc., y para designarlos no sólo existen sustantivos, sino también adjetivos, verbos, adverbios e incluso otras lexías que apenas tienen un significado definido sino dependiente de las restantes que sean pronunciadas o escritas antes o después de ellas, como ocurre con los posesivos, demostrativos, preposiciones, artículos, etc.

 

Situación y contexto

            Ello es debido a que el significado de las palabras depende mucho de las que le rodean (contexto) o de la situación en que sean usadas: así, el mensaje Realizó una correcta operación significa lo que signifique sólo en función de la situación concreta y particular en que haya sido realizada esa "operación", pues si nos referimos a un cirujano, su operación es muy distinta a la que realizaría un matemático al multiplicar, aunque ambos realizan "operaciones". Por tanto, la palabra operación significa algo muy diferente en dos situaciones tan dispares como un quirófano o una clase de matemáticas; pero no por ello deja de ser la misma palabra o lexía. Al mismo tiempo, la palabra operación no puede significar nada más que una sola cosa si la usamos en el mensaje Realizó una correcta operación quirúrgica porque la palabra que lleva pospuesta hace que el contexto en el que ha sido usada le impida ser interpretada de otra manera.

 

Denotación y connotación

            Por otro lado, las palabras de la lengua no significan lo mismo para todos sus hablantes, ya que cada uno tiene su propia experiencia lingüística. Ello se debe a que cada palabra tiene una denotación para todos los hablantes de la misma lengua y una connotación para cada uno de ellos. Así, la palabra león, aunque denota lo mismo para cualquier hablante, no connota lo mismo para el turista aquel que fue atacado en un safari por un león precisamente: cada vez que oiga o pronuncie esa palabra se le pondrán los pelos de punta.

 

La ambigüedad

            Puede ocurrir incluso que, aunque las palabras lleguen a significar lo mismo para cualquier hablante, al usarlas en determinados mensajes pueden prestarse a confusiones. Es lo que ocurre con la ambigüedad, que consiste en decir un mensaje con dos o más significados a la vez: si alguien dice que estaba pensando en el avión, puede entenderse que "iba en un avión y dentro de él estaba pensando" o "que estaba en tierra e iba pensando en aviones". Pueden distinguirse tres tipos:

·        fónica: Serrín de Madrid/Se rinde Madrid.

·        sintáctica: Vio al niño con prismáticos.

·        léxica: El gato le costó caro.

 

Los cambios semánticos

            Del mismo modo que se producen cambios fonéticos o de pronunciación en la evolución de las palabras (que estudiaremos después en esta misma lección), también se producen cambios semánticos o de significación a lo largo de la vida de las palabras, es decir, las palabras no siempre han tenido el mismo significado. Ello es debido a una serie de factores:

 

Factores históricos

Los factores de tipo histórico toman en cuenta la evolución de los significados de las palabras a lo largo del tiempo; así, por ejemplo, la palabra coche primeramente significó el vehículo arrastrado por animales y posteriormente adquirió nueva significación para designar también a los movidos por motores; tienda de ultramarinos es vocablo que actualmente se aplica también a tiendas que venden multitud de cosas, además de las de ultramar, que era lo que significaba antes; la palabra pluma se refería,  primeramente, a la de ave y luego pasó a designar también  al bolígrafo.

 

Factores sociales: tabú y eufemismo

Los factores de tipo social o psicológico tienen en cuenta la evolución de la sociedad y las distintas formas de pensamiento, como ocurre con villano, que anteriormente designaba a los habitantes de una villa pero en la actualidad ha dejado de significar eso y ha adquirido la significación peyorativa. El mismo significado despectivo ha adquirido hortera, que antes se refería al dependiente de un comercio. En ciertos casos, cuando la palabra adquiere un sentido peyorativo o malsonante, por muy diversas causas, el hablante suele tomarla como si fuese un tabú y la sustituye por un eufemismo: así ocurre con retrete, que se sustituye por servicio o lavabo; vejez, que se sustituye por tercera edad; cagar, que es sustituido por pipí; culebra, sustituido por bicha; etc.

 

La proximidad significativa

La proximidad significativa es otra causa de que cambien semánticamente las palabras y viene a referirse a la relación que puede establecerse entre los significados de dos palabras, pues son dos significados los que entran en contacto y uno de ellos (A) presta su significación al otro (B). Pero el significante sigue siendo el mismo. Así ocurre, por ejemplo, con la locución ser un lince (que aplica a una persona la cualidad que ese animal posee por su vista). Dependiendo de la relación que se establece entre A y B se producen tres fenómenos distintos, que ampliaremos después en la lección 19ª (cuando hablemos de las figuras retóricas), y que podemos ejemplificar con el siguiente esquema, en el que damos cabida también al símil o comparación, para diferenciarlo de la metáfora:

 

 

 

Metáfora

La metáfora consiste en que se considera la existencia de una relación de parecido o semejanza significativa entre los significados de dos palabras: así, entre el cabello rubio y el oro puede encontrarse el parecido de su color brillante, por lo que puede decirse Tu cabello es oro, es decir, A=B. No ha de confundirse la metáfora con la comparación ya que esta ha de incluir en su formulación algún término comparativo, ausente en la metáfora: Tu cabello es como el oro. Tanto el caso ejemplificado como denominar cielo de la boca al paladar (como si la boca fuese el firmamento y el paladar "su cielo"), u ojo de la aguja al agujero por donde se mete el hilo, o pata de la mesa a una de las tablas que la sostienen, etc., pueden denominarse metáforas.

 

Metonimia

Metonimias es el nombre que reciben otros casos similares, en los que la relación entre los dos significados A y B en cuestión es de contigüidad o producción de uno a otro, como ocurre con El respeto a las canas queriendo significar que se respeta a la "vejez" o "experiencia" que demuestra quien tiene "canas". Lo mismo ocurre con el cuello de la camisa, por colocarse alrededor del cuello humano, o con pergamino, por haberse producido en la ciudad de Pérgamo los mejores "pergaminos" en su época.

 

Sinécdoque

Cuando la relación entre los dos significados es de inclusión del uno dentro del otro, el fenómeno se denomina sinécdoque, como ocurre con Le arrancó cien cabellos donde viene a significarse que le arrancó no cien concretamente sino un número indeterminado de ellos cercano a "cien" (87, por ejemplo, si se hubiesen contado). Lo mismo ocurre con cabeza de ganado, que menciona a toda la res con el nombre de una de sus partes (la "cabeza"), o con el batería de la orquesta, que menciona tanto al tocador como al instrumento que toca.

 

Las distintas formas de agrupación de las palabras

            La Semántica suele estudiar el significado de las palabras agrupándolas mediante distintos procedimientos, lo que conlleva que reciban distintas denominaciones según el grupo en el que las encontremos. Así, una palabra como bienes puede ser estudiada comparada con todas las que se refieran a objetos poseídos por las personas (campo semántico); también puede ser comparada con la forma verbal vienes por su coincidencia de pronunciación (homónimo); e incluso con vienés, por su parecido (parónimo); indudablemente, tiene el mismo significado que riquezas (sinónimo) y el contrario que pobreza (antónimo); al mismo tiempo, ella misma tiene varios significados a la vez, uno de los cuales es bienes inmuebles (polisemia); en este último ejemplo, correspondería a una forma de habla culta y sería un tecnicismo económico (registros); además, es una palabra compuesta de bien + es por lo que su relación con bien + hablado es evidente (campo léxico). Desde otro punto de vista, es un sustantivo (campo gramatical). E incluso podemos encontrarla agrupada con todas las demás de la lengua en un diccionario, precisamente detrás de bieldo y antes de bienal. Todos estos modos de agrupación pueden ser ejemplificados en el siguiente esquema:

 

  

Como muestra el esquema, son muy distintos los procedimientos que la Semántica utiliza para el estudio del significado de las palabras ya que las agrupa de las siguientes maneras:

 

        Campos semánticos (semas y sememas)

            Los campos semánticos son los grupos de palabras que aparecen unidas por al menos un rasgo significativo común denominado sema. Todas las palabras son, en realidad, una suma de semas denominada semema. Pero sólo algunas de ellas contienen un sema en común, precisamente las que pueden ser incluidas en el mismo campo semántico. Así, la palabra bidé contiene tres semas pues conlleva la suma de las tres significaciones siguientes: "1.-lavabo bajo, 2.-para sentarse, 3.-para lavarse", y, en efecto, en cualquier diccionario se definiría esta palabra como "el lavabo bajo que sirve para sentarse y lavarse". Fijándonos en sus tres semas podríamos intentar encontrar otras palabras que contuviesen a alguno de ellos y con ellas formaríamos tres campos semánticos. Uno de ellos podría ser, por ejemplo, el campo semántico de utensilios para lavarse, que incluiría al bidé junto a bañera, lavabo, jofaina,...; otro podría ser el de utensilios para sentarse, que incluiría al bidé junto a silla, taburete, sofá,...

 

Tipos de campos semánticos

            Atendiendo al número e índole de las palabras que podrían entrar dentro de cada campo semántico, estos se clasifican en:

·        cerrados, como los meses del año, o los días de la semana, pues el número de vocablos que incluyen es finito.

·        abiertos, como las especies animales, o las plantas, por ser infinito o indeterminado el número de vocablos que incluirían.

·        graduales, como los que agrupan palabras englobadas entre dos extremos: alto...bajo.

·        asociativos, como los que realizan los diccionarios ideológicos, que agrupan todas las palabras relacionadas con un concepto.

 

Hipónimos e hiperónimos

Otra posible agrupación cercana a la de los campos semánticos es la que distingue entre hiperónimos e hipónimos. Los hiperónimos son ese tipo de palabras que engloban en su significación a otras muchas, pero sin que ellas mismas sean una de ellas, cada una de las cuales es un hipónimo. Así ocurre, por ejemplo, con flor y rosa, o con ciudad y Madrid, o con edificio y casa, de los cuales el primero es el hiperónimo y el segundo el hipónimo.

 

Parónimos

            Parónimos son aquellos vocablos que presentan un parecido entre sí. Pueden ser divididos en dos grupos, según nos refiramos a que el parecido está en el significante o en el significado:

 

Parónimos fónicos

Son aquellos que presentan un parecido evidente en sus significantes. Los más usuales son: inocuo/inicuo, absceso/acceso, carabela/calavera, actitud/aptitud, resumir/reasumir, exotérico/esotérico, extático/estático, arrastrar/arrostrar, apático/hepático, infectar/infestar, infligir/infringir, perjuicio/prejuicio, contexto/contesto, sexo/seso, inerme/inerte, intersección/intercesión, asequible/accesible, intimar/intimidar, adepto/adicto, expiar/espiar, ...

 

Parónimos semánticos

            Son aquellos vocablos que, pese a tener significantes muy distintos, presentan cierto parecido en sus significaciones, lo que suele provocar impropiedades en su uso. Algunos son:  cesar/dimitir/destituir, asequible/accesible,...

 

Homónimos

            Los homónimos son parejas o tríos de vocablos que coinciden en su pronunciación (homófonos) o en su pronunciación y escritura al mismo tiempo (homógrafos):

 

Homófonos

Los homófonos son los más abundantes en el castellano por tener nuestra lengua distintas letras para el mismo fonema. Podrían ser clasificados del siguiente modo:

·        homófonos simples: son aquellos que se distinguen por una letra. Algunos de ellos son:

o            con hache o sin ella: hecho/echo, ha/a/¡ah!, rehusar/reusar, había/avía, ¡eh!/e, ¡hola!/ola, deshecho/desecho, haya/aya, habría/abría, hizo/izo, huso/uso, hora/ora, hojear/ojear, herrar/errar, honda/onda, ¡hala!/ala, hoya/olla, hube/uve,...;

o           con b o con v: grabar/gravar, bacía/vacía, basto/vasto, botar/votar, recabar/recabar, baca/vaca, había/avía, rebelar(se)/revelar, bacilo/vacilo, bello/vello, cabo/cavo, sabia/savia, barón/varón, hube/uve, acerbo/acervo, balido/valido, bienes/vienes, combino/convino, tubo/tuvo, bobina/bovina,... ;

o           con g o j: ingerir/injerir(se), gira/jira,...;

o           con c o z: encima/enzima,...;

o           con ll o y: olla/oya, halla/haya, rallar/rayar, calló/cayó, arrollo/arroyo, malla/maya, rallo/rayo, pulla/puya, callado/cayado, pollo/poyo, ralla/raya,...

·        homófonos compuestos, que consisten en la coincidencia de pronunciación de dos o tres vocablos seguidos con la pronunciación de uno solo. Literariamente, a este fenómeno se le denomina calambur. Los más usuales son los siguientes: tampoco/tan poco, conque/con que, demás/de más, aparte/ a parte, dehesa/de esa, haber/a ver, adonde/a donde, sino/si no, plátano/plata no, porque/por que/por (  )que, porqué/por qué, también/tan bien, asimismo/a sí mismo/ así mismo, condados/con dados,...

·        falsos homófonos, distinguibles por el acento: libido/lívido,...

 

Homógrafos

Los homógrafos son, como dijimos, aquellos vocablos que se escriben igual (y, por ende, se pronuncian igual). Podrían ser clasificados como sigue:

·        homógrafos simples, formados por una palabra simple: vino (de beber o de venir), cola (de animal, de pegar, o de árbol africano), ala (de pájaro o helenio), ante (preposición y rumiante), aro (de arar y redondo), barro (de barrer y de tierra), etc.

·        homógrafos compuestos, distinguibles por el espacio intermedio que presenta uno de ellos (medio día/mediodía). Aquí podrían ser recogidos también muchos de los homófonos compuestos. Son: adonde/quiera, medio/día, sin/razón, en/torno, ex/abrupto,  bien/venida, que/hacer, sin/sabor, sin/fin, sin/número, donde/quiera, quien/quiera, sin/sentido, sin/vergüenza,...

·        falsos homógrafos, que son distinguibles por el acento y la tilde, ya que sus letras son idénticas: límite/limite/limité, depósito/deposito/depositó, tráfico/trafico/traficó, trámite/tramite/tramité, cítara/citara/citará, hábito/habito/habitó, intérprete/interprete/interpreté, cántara/cantara/cantará, vienes/vienés, píe/pie, válido/valido/validó, práctico/practico/practicó, equívoco/equivoco/equivocó, continuo/continúo/continuó, vómito/vomito/vomitó, cálculo/calculo/calculó, íntimo/intimo/intimó, perpetuo/perpetúo/perpetuó, ánima/anima,...

 

Monosemia y polisemia

            Todas las palabras presentan o un solo significado o varios. En el primer caso se habla de monosemia y ocurre en muy pocas palabras de la lengua, como en reloj, cocodrilo, blasfemia, blenda, blenorrea,... La polisemia es más frecuente pues abundantísimas son las palabras que presentan más de una acepción significativa, como le ocurre a boca, por ejemplo, de la que pueden encontrarse en el diccionario hasta sesenta significaciones diferentes, o acepciones. La polisemia suele ocurrir en palabras de mayor uso, que las lleva a ser utilizadas en situaciones muy diferentes.

 

Sinonimia

            Muchas palabras se encuentran en la lengua con que su mismo significado corresponde también a otro significante. Es el caso del animal cuadrúpedo, más pequeño que el caballo, que se usa como bestia de carga, al que se le aplican cuatro significantes: asno, burro, jumento y pollino. A casos como este se les denomina sinonimia. Es conveniente señalar que la sinonimia no es nunca completa, pues cada uno de los cuatro significantes del ejemplo anterior tiene una pequeña variación connotativa con respecto a los otros tres. La sinonimia podría clasificarse si atendemos a factores:

·        geográficos: venado/ciervo.

·        de registro: deceso/fallecimiento.

·        jergales: dinero/pasta.

·        de préstamo: fútbol/balompié.

·        etimológicos: isleño/insular.

 

Antonimia

            Cuando lo que ocurre es que los significados de distintas palabras pueden interpretarse como contrarios entre sí, se produce el fenómeno de la antonimia, la cual puede presentar tres casos muy distintos:

 

Antónimos recíprocos

Antónimos recíprocos son aquellos que presentan siempre el doblete correspondiente; así, si uno da, el otro recibe; si uno entrega, el otro recoge; etc. Por lo tanto dar y recibir son recíprocos, así como entregar/recoger, padre/hijo, alumno/profesor, vencedor/vencido,...

 

Antónimos complementarios

Antónimos complementarios son aquellos que presentan también el doblete correspondiente pero no de modo necesario: hombre y mujer son complementarios, pero el uno no conlleva al otro, mientras que el acto de entregar sí conlleva el recíproco de recibir o recoger. Otros ejemplos: encender/apagar, singular/plural, soltero/casado,...

 

 Antónimos graduales

Antónimos graduales son aquellos que, dentro de una serie limitada de significados relacionados por ser contrarios entre sí, cada uno de ellos es contrario a los demás, especialmente los dos que limitan la serie. Así, en la serie caliente, templado, tibio, frío, helado, gélido, todos los términos son contrarios entre sí (por el carácter relativo y negativo del signo lingüístico) pero aún más lo son caliente y gélido. Otros ejemplos: largo/corto, joven/viejo,...

 

            Los conceptos hasta aquí apuntados pueden ser mejor comprendidos fijándose en el siguiente esquema:

 

 

 

Registros

            Otro modo de agrupar las palabras de una lengua es atender a las distintas variedades de uso que tienen: la palabra boca es usada, con total seguridad, por todos los hablantes castellanos, y tal vez varias veces al día, pero la palabra bocacaz (tan cercana a la anterior en el diccionario) es usada casi exclusivamente por quienes trabajan en una presa de agua. Tienen, por tanto, las palabras una especie de registro en el código de la lengua al que acuden los hablantes según tengan necesidad de ellas. Un camionero de cincuenta años tal vez no haya usado del castellano todavía ni el 10% de las palabras existentes; en cambio, un estudioso tal vez haya usado a esa edad el 80% de las mismas; puede ocurrir incluso que un experto en la fabricación de botellas conozca el 100% de las palabras correspondientes a su oficio, aunque del resto sólo conozca las mismas que el camionero. También puede ocurrir que, según sea el lugar en que se encuentre la fábrica de botellas, al mismo tipo de botella se le denomine con palabras distintas. Y entra también dentro de lo posible que cuando el camionero o el botellero escriben, o charlan con los amigos, o hablan con el jefe, o con sus hijos, el porcentaje de las palabras usadas varíe de modo significativo en cada ocasión particular. Veamos el siguiente esquema, en el que se ejemplifican los distintos registros en que puede ser usada la palabra peseta:

 

 

A la luz del esquema anterior, podemos ver que cualquier palabra de la lengua puede ser usada de muy diversas maneras según el registro o nivel de uso en el que se produzca esa utilización. Podríamos encontrar los siguientes:

 

Oral/escrito

Las diferencias entre el registro oral y el registro escrito son abundantísimas, pues nadie escribe como habla. De todas ellas nos ocuparemos en la lección 17ª.

 

Culto/standard/popular

Los registros culto, standard, popular dependen sobremanera del nivel cultural del hablante y consisten, por ese orden, en un progresivo alejamiento de la norma lingüística.

 

Vulgarismos y etimología popular

El peor nivel de uso de la lengua, el vulgar, merece mayor atención pues produce los denominados vulgarismos, de los que destacamos los siguientes:

·        respecto a las vocales:

o       vacilación de timbre en las vocales átonas: medecina.

o       reducción de diptongos: ventitrés.

o       formación de falsos diptongos: máestro.

o       adición de vocales: amoto.

·        respecto a las consonantes:

o       adición de consonantes al principio (afusilar), en medio (muncho) o al final (dijistes).

o       adición de g o b ante ue: cacagüete.

o       confusión de g y b: abujero.

o       alteración de grupos consonánticos: istancia.

o       metátesis o cambio de posición en la palabra: cocreta.

o       omisiones: poblema.

·        respecto a la morfología, se producen algunas deformaciones en:

o       el verbo: andé, vinistes, callaros.

o       plural: jabalises

o       género: elefanta

o       persona: yo y tú.

o       leísmo, laísmo, loísmo: La vi en el mercado y la pregunté por su marido.

·        respecto a la sintaxis:

o       incorrecta concordancia: No habían fiestas.

o       condicional incorrecto: Si lo sabría, no lo diría.

o       preposición a con complemento directo: arreglar a la silla.

o       dequeísmo: Me dijo de que me callara.

o       oraciones muy cortas.

o       simplismo en el uso de conjunciones.

·        respecto al léxico, se producen:

o       confusiones e impropiedades: Llegó en olor (loor) de multitudes.

o       abuso de muletillas y palabras-baúl: yo, pues, o sea, le dije...

o       palabras malsonantes.

Un caso bastante especial de uso vulgar de la lengua consiste en la denominada etimología popular, consistente en la pronunciación incorrecta de vocablos en la que se aprecia una confusión con otros muy semejantes léxicamente: así, puede oírse *volcanólogo (no vulcanólogo) por confusión con volcán; o *testaduro, *esparatrapo, *atiforrarse, * vagamundo, *desgallitarse, *destornillarse, *arrellenarse,...

 

Coloquial

El registro coloquial es el que utiliza la lengua informalmente. Es siempre oral, pero también puede aparecer en cartas, teatro, diálogo novelado, etc.

 

Jergal

El registro jergal, o profesional y técnico, es el referido a los vocablos que usan los hablantes según las distintas profesiones u ocupaciones. Una de las jergas más representativas es el argot, propio de grupos marginales.

 

Dialectal

El registro dialectal guarda relación con la variedad de dialecto que se utilice.

 

Campos léxicos

            Otra forma de agrupación de las palabras consiste en atender a su etimología o significante originario de que proceden y ordenarlas según los distintos monemas o fragmentos significativos que contengan. Así, la palabra agua, procedente del latín aqua, puede ser agrupada con otras que presentan esa misma raíz latina: aguacero, aguada, aguadero, aguador, aguaje, aguanoso, aguar, aguatero, acuarela, acuario, acuático, acueducto, desaguar, enaguazar, enjuagar, subacuático,... Y también puede ser agrupada con las que contienen el prefijo de origen griego hidro, que también significa agua: hidroavión, hidrocarburo, hidrógeno, hidroterapia,... E incluso puede ser también agrupada con otra de raíz árabe: atarjea. Todas ellas (y muchas más que faltan, de otras raíces) conforman el campo léxico del significado agua, denominado así porque todas las palabras de cada grupo contienen el mismo lexema o raíz significativa.

 

Clasificación de los monemas

            Si nos fijamos ahora en las palabras del campo léxico ejemplificado en el párrafo anterior (agua) observaremos que, tomadas individualmente, presentan uno o varios monemas o unidades significativas (muy semejantes a los semas del campo semántico, pero mientras que estos se refieren al significado, aquellos se refieren al significante y al significado a la vez, es decir, a la totalidad del signo lingüístico). Estos monemas pueden ser ejemplificados mediante el sintagma con los antidespertadorcitos, que, aunque no tiene existencia real en nuestra lengua, nos puede servir didácticamente: partimos de la idea de despertar y con ella vamos creando a izquierda y derecha de ese monema originario lo que, de tener existencia, serían unos "artilugios pequeñitos que no sirven para despertarse". A continuación hacemos en el esquema la clasificación completa de los monemas:

 

  

 

            Como se aprecia en el ejemplo propuesto, al lexema o rasgo significativo básico se le han añadido siete morfemas, los dos primeros independientes -pues forman palabras separadas- y los otros cinco dependientes -pues se unen inseparablemente al lexema. Los dependientes han adoptado la siguiente colocación: el prefijo se ha puesto delante del lexema y los tres sufijos detrás, cada uno de ellos con una significación diferente (el último es gramatical de número y los otros dos léxicos); el interfijo no significa nada sino que sirve tanto para que puedan unirse entre sí los dos monemas de al lado como para que la pronunciación de la palabra completa no resulte extraña al castellano.

 

Lexema y morfema

            El lexema es el fragmento o monema de cada palabra que aporta la esencia significativa de la misma (antiDESPERTadorcitos); a él se añaden todos los morfemas (ANTIdespertADORCITOS).

 

Prefijos

            Los prefijos castellanos más importantes (de los que pueden aparecer hasta dos ante el mismo lexema: des-en-terrar, des-com-poner,... incluso reduplicados: anteanteayer, supersuperfácil,... o coordinados: pre y postconciliar, pro y antigubernamental,...) son los que aparecen en mayúsculas en el siguiente esquema, en el que algunos de ellos se agrupan teniendo en cuenta su parecida significación:

 

 

 

Sufijos

            Los sufijos castellanos pueden ser clasificados como muestra el siguiente esquema, en el que se agrupan, según den lugar a sustantivos o adjetivos, siguiendo el orden alfabético:

 

 

 Interfijos

            Los interfijos no presentan significación alguna sino que sirven para que los demás monemas intervinientes en la composición de la palabra puedan ser "pronunciados" en castellano o para evitar homonimias: jovenZuelo, chupETón, panECillo, solECito, cafELito, risOTada, enSanchar,...

 

 Tipos de palabras según sus monemas

            Según cómo estén engarzados los lexemas y los morfemas, las palabras reciben distintas denominaciones:

 

Simples

Las palabras simples son las que constan de un lexema (pan, cocodrilo,...) o de un morfema independiente (los, este, con, de, pues,...).

 

Derivadas

Palabras derivadas son aquellas que constan de lexema y sufijos: despertar, panera, cocodrilito,...

 

Prefijadas

Palabras prefijadas son las que  están formadas de prefijo y lexema: deshacer, imposible,...

 

Compuestas

Palabras compuestas son las que constan de dos lexemas (paniaceite, acueducto,...) o de más de una palabra (a condición de que,...). Los compuestos castellanos pueden ser de dos tipos, dependiendo del modo de unión de ambos lexemas:

·        sintagmáticos, cuando están formados por palabras separadas, como ocurre con las locuciones y modismos: a trancas y barrancas, a condición de que, máquina de coser, bomba de mano,... Según las categorías morfológicas que entran en estos compuestos se pueden denominar según el siguiente esquema:

  

·        ortográficos, cuando forman una sola palabra: sacapuntas,... En este tipo, la mayor parte de las uniones se realiza con los elementos morfológicos que indicamos en el siguiente esquema:

 

 

 

Parasintéticas

Parasintéticas son aquellas palabras que están formadas por una combinación especial de prefijo (A), lexema (B) y sufijo (C), de tal modo que no existirían en la lengua ni la combinación AB ni la BC: aterrizar, cuyos tres monemas a-terr-izar sólo existen en esa combinación, pero no en AB (aterrar, referido a tierra), ni en BC (terrizar). Otros casos: barriobajero, envejecer, desalmado, quinceañero,...

 

La etimología de las palabras castellanas

            Desde un punto de vista diacrónico, el conjunto del vocabulario de nuestra lengua puede ser clasificado y agrupado atendiendo a su etimología, es decir, atendiendo al lexema original que produjo a partir de una lengua originaria el correspondiente vocablo actual castellano. La gran mayoría de las palabras castellanas proceden de la evolución del latín, pero muchas otras tienen procedencia de otras lenguas, e incluso de la misma lengua castellana pero por otros procedimientos casi etimológicos. Si atendemos, por tanto, al étimo original, que siempre será una palabra latina, griega, árabe, o, en menor medida, originaria de otra lengua o de la misma castellana, las palabras de nuestra lengua pueden ser denominadas:

 

Latinajos

Los latinajos, o locuciones latinas, son expresiones totalmente idénticas a las usadas en latín y que todavía siguen siendo usadas en castellano con su misma forma. Las más usuales son: ante meridiem (antes del mediodía), ex aequo (con igual mérito), motu proprio (por propia voluntad), a posteriori (después), alter ego (otro como yo), in situ (en el mismo lugar), lapsus linguae (error de palabra), post meridiem (después del mediodía), grosso modo (aproximadamente), mutatis mutandis (del mismo modo), a priori (antes), in fraganti (con las manos en la masa), ipso facto (en el acto), peccata minuta (pequeño error),...

Cultismos

Los cultismos son vocablos casi latinos o griegos, apenas evolucionados, introducidos en el castellano por usuarios cultos y letrados: lácteo, vital, nocturno, zodíaco, damnificar,...

 

Semicultismos

Los semicultismos son vocablos que han evolucionado desde el latín sólo a medias: milagro (esta palabra, procedente de miraculum, tenía que haber dado en castellano mirajo, pues debía haber tenido la misma evolución que oculum, que dio ojo), codicia, plaza, claro, flor,...

 

Patrimoniales

Las palabras patrimoniales son las evolucionadas totalmente según las distintas normas fonéticas que han producido el hecho de que las palabras del latín vulgar se hayan convertido en palabras castellanas. Las más importantes reglas evolutivas con respecto al castellano en cuanto a las consonantes son, de forma resumida pero sintética, las que ejemplificamos en el siguiente esquema, sobre el que han de tenerse en cuenta las siguientes consideraciones:  la palabra de la izquierda es la latina y la de la derecha la castellana; en mayúscula está señalada la letra o grupo de letras en que se produce el fenómeno fonético de evolución; cada palabra viene a ser un ejemplo de un caso particular de evolución fonética; aunque el esquema sólo resume la evolución de las consonantes latinas al castellano, la evolución de las vocales puede ser también rastreada a lo largo de los ejemplos.

  

Un ejemplo clarificador: ni el fonema ni la letra Ñ existían en latín, pero se produjeron en castellano por cuatro fenómenos fonéticos distintos: por la confluencia de dos NN en posición interior (aNNu > aÑo); por la confluencia de MN agrupadas en posición interior (daMNu > daÑo); por la confluencia de GN agrupadas en posición interior (siGNa > seÑa); y por la confluencia de N+yod (hispaNIa > espaÑa).

 

Dobletes

Los dobletes son grupos de dos vocablos procedentes de la misma palabra latina pero con distinta evolución: CALIDUS (cálido/caldo), CAPITULUM (capítulo/cabildo), COMUNICARE (comunicar/comulgar), LABORARE (laborar/labrar), SOLIDUS (sólido/sueldo), SPATULA (espátula/espalda), AUSCULTARE (auscultar/escuchar), RECITARE (recitar/rezar), CAPITALIS (capital/caudal), CATHEDRA (cátedra/cadera), FEMINA (fémina/hembra), LIMITE (límite/linde), UMERUS (húmero/hombro), AFFECTARE (afectar/afeitar), DIGITALE (digital/dedal), ...

 

Arcaísmos

Los arcaísmos son aquellas palabras que han quedado como restos del castellano primitivo: ogaño, pedimento,...

 

Préstamos

Los préstamos, o extranjerismos son vocablos introducidos en el castellano desde otras lenguas en épocas no demasiado recientes. Se clasifican según su lengua de procedencia:

·        helenismos, procedentes del griego como cultismos o del griego a través del latín: púrpura, golpe, bodega, iglesia, mártir, caridad, odontólogo, hipermetropía,...

·        voces prerromanas, procedentes de las lenguas existentes en la Península antes de la invasión romana: vega, páramo, carrasca, arroyo, losa,...

·        germanismos, procedentes de las lenguas que hablaban los pueblos germánicos que invadieron la España romana: Elvira, Gonzalo, Fernando, Alfonso, guardar, espía, agasajar, ropa, rico, sala, guerra, yelmo, espuela, falda, blanco,...

·        arabismos, procedentes del árabe e introducidos durante la dominación musulmana en la Península: Medina, Guadalquivir, alférez, alcalde, noria, acequia, sandía, alcachofa, alcanfor, cero, cifra, álgebra, aceituna, tabique, albañil, tarifa, alguacil, berenjena,...

·        galicismos, procedentes del francés, sobre todo durante la Edad Media y el siglo XVIII: bayoneta, metralla, cadete, jamón, hereje, batalla, manjar, monje, brillar, espectador, detalle,...

·        lusismos, procedentes del portugués: mejillón, ostra, mermelada, caramelo,...

·        indigenismos, procedentes de las lenguas habladas por los pueblos americanos conquistados tras el descubrimiento de América: huracán, tiburón, patata,...

·        italianismos, procedentes del italiano: campeón, escopeta, novela, piloto,...

·        anglicismos, procedentes del inglés: yate, túnel, cheque, club, bistec,...

·        catalanismos, procedentes del catalán: bandolero, entremés, butifarra,...

·        galleguismos, procedentes del gallego: morriña, chubasco, macho,...

·        vasquismos, procedentes del vasco: pizarra, boina, chabola, izquierda,...

·        de otras lenguas, como el noruego (esquí), el checo (robot), el japonés (quimono), etc.

 

Onomatopeyas

Las onomatopeyas son vocablos procedentes de ruidos diversos o de raíces expresivas a veces comunes a varias lenguas: chirriar, chocar, chapotear, chaparrón,...

 

De nombres propios

Muchas palabras castellanas proceden de nombres propios: adónico, afrodisíaco, guarismo, avellana,... especialmente los gentilicios: gerundense, avilés, avilesino,...

 

Neologismos

Los neologismos son vocablos de nueva o reciente creación, debida a muy diversos procedimientos como:

 

Siglas

Las siglas son aquellos vocablos formados mediante la yuxtaposición de las iniciales de otras ya existentes: COU, RENFE, UNESCO, láser, ovni,... Algunos presentan un doblete: EEUU/USA,... Su plural es muy atípico pues pueden presentar varias posibilidades: LPs, LP's, JJOO,...

 

Acrónimos

Los acrónimos han sido formados mediante la yuxtaposición de varias letras iniciales de otras palabras: transistor, bit, informática, motel,...

 

Alfónimos

Los alfónimos  consisten en vocablos formados mediante la pronunciación de las letras de una sigla: elepé, tebeo, abecé,...

 

Calcos

El calco es un procedimiento de creación de nuevas palabras consistente en la traducción literal de otro vocablo extranjero, sea el francés, como ocurre con sacacorchos (tirebouchons), baño María (bain-Marie), cartón piedra (carton-pierre), guardarropa (garde-robe), tren correo (train poste), bellas artes (belles-lettres),... o el inglés, como balompié (foot-ball), baloncesto (basket-ball), calidad de vida (quality of life), luna de miel (honeymoon), ciencia ficción (science fiction), autoservicio (selfservice), aire acondicionado (air conditioning), supermercado (supermarket), fin de semana (week-end),...

 

Elipsis

La elipsis es otro procedimiento creador de neologismos que consiste en la no pronunciación de un sustantivo, lo que acarrea que el adjetivo que siempre le acompañaba se convierta en sustantivo: un (cigarro) puro, un (café) cortado,...

 

Acortamientos

Los acortamientos consisten en la pronunciación abreviada de palabras muy usuales: bici, poli, profe,... Pertenecen a la lengua familiar o informal, pero algunos han desplazado el término original: cine(matógrafo), tele(visión), foto(grafía), zoo(lógico),... No sólo afectan a sustantivos (bici, profe), sino también a adjetivos (repe, neura, ridi,...), e incluso frases (porfa, mepa, porsiaca, ¿Tedascuén?,...).

 

Términos hipocorísticos

Los términos hipocorísticos se han producido por la reducción "afectiva" de los nombres propios en el ámbito familiar: Paco, Conchi,...

 

Abreviaturas

Las abreviaturas son reducciones a una o varias letras de palabras de uso frecuente en la escritura: Sra., Excmo,...