Oraciones exclamativas e interjección

 

 

 

 

            Tanto la interjección como las oraciones exclamativas son un modo especial de pronunciación enfática que produce la garganta humana ante situaciones especialmente sentidas por el emisor. En este sentido, abunda la lengua en expresiones y construcciones oracionales que pueden ir desde un mero grito o ruido gutural inidentificable hasta una expresión totalmente oracional. Todo ello viene regido por una especial entonación enfática que pretende mostrar, más allá de las palabras emitidas, el estado anímico del hablante. Al margen de las interjecciones y las oraciones exclamativas (que serán estudiadas a continuación), dispone el castellano de ciertos recursos que permiten "recalcar" ante el receptor lo especialmente sentido por el emisor, como, por ejemplo, la anteposición de los adjetivos (¡Muy ricas estas patatas!), o la intensificación mediante indefinidos (¡Este chico es un Picasso!), o la emisión de oraciones consecutivas inacabadas (¡Es tan bueno...!), etc. Pero son, como decimos, la interjección y la oración exclamativa los principales recursos de que dispone el castellano para dar rienda suelta a la especial situación anímica del hablante. Para su mejor comprensión, podemos imaginar el caso de una lámpara que caiga sobre la cabeza de una persona y atender a los ruidos y sonidos que puedan producirse en esa situación; podremos ir analizando así desde los ruidos originados por la lámpara hasta los producidos por la persona (sean meramente guturales o perfectamente articulados):

 

 

 

Si realizamos un recorrido de izquierda a derecha por el esquema, podemos ir explicando cada uno de los términos que en él aparecen:

 

El ruido y la onomatopeya

·        los ruidos son siempre naturales y lo mismo ocurren tanto en la naturaleza como en la garganta humana. Ruidos son, por consiguiente, tanto el producido por la lámpara al dar en el suelo como la tos o el estornudo que salen de una garganta humana.

·        algunos de esos ruidos naturales o humanos han llegado a ser articulados, e incluso considerados como palabras (es el caso de las onomatopeyas: ¡plaf!, ¡zas!, tictac, ronronear, gorgojeo, etc.).

 

La interjección

Cuando esos ruidos son producidos exclusivamente por la garganta humana, entramos ya en lo que propiamente son las interjecciones, de las que cabe distinguir tres tipos:

 

Interjecciones propias

Las interjecciones propias o verdaderamente interjecciones son aquellas palabras casi siempre monosilábicas que suele emitir el hablante de modo casi inconsciente en situaciones anímicas muy especiales: ¡ay!, ¡eh!, ¡bah! Pueden ser estudiadas atendiendo a su significación o a su presentación formal:

·        La significación de estas interjecciones viene dada siempre por el contexto, aunque podrían ser agrupadas según indiquen:

o       apelación (eh, ey, ea, chissst,...),

o       saludo (hola,...),

o       carcajada (ja, je, ji,...),

o       sorpresa (caramba, caray, carape, huy,...),

o       dolor (ay,...),

o       aprobación (ajá, ajajá,...),

o       comprensión (ah,...),

o       desdén (bah,...),

o       conformidad (ea,...),

o       encarecimiento (oh, uf,,...),

o       repugnancia (puaf, puf,...),

o       indiferencia (pshé,...),

o       deseo (ojalá,...),

o       aplauso (olé,...),

o       incredulidad (ca, quiá,...), etc.

·        Se presentan en la lengua en tres construcciones posibles:

o       aisladas: ¡Ay!

o       conformando sintagmas: ¡Ay de mí!, ¡Ah de la almena!

o       conformando oraciones, que en la lección 14ª denominaremos "interjectivas": ¡Ay de quien trate mal a este muchacho!,

 

Interjecciones impropias

Las interjecciones impropias son palabras usuales de la lengua que surgen de la garganta humana sin otro ánimo de significación que el meramente interjectivo: ¡Mi cabeza! ¡Andá! ¡La Virgen! Podrían, pues, ser sustantivos (hombre, Jesús, Dios mío, Virgen santa, mi madre), o adjetivos (bueno, bravo, claro), o verbos (anda, arrea, atiza, quita, venga, hala, vaya, vamos, habráse visto, joder), o adverbios (arriba, fuera). Su parecido con el vocativo es evidente (¡Juan!, ¡Cierra la ventana! o ¡Cierra la ventana, Juan!), aunque no han de confundirse ya que el vocativo, como dijimos al tratar las oraciones imperativas, siempre presupone una oración imperativa con su correspondiente verbo, de cuyo sujeto es una mera aposición; sólo en el caso de que se pronunciase exclusivamente un vocativo aislado (¡Juan!) podríamos considerarlo como una interjección impropia. Como las propias, también pueden presentarse estas interjecciones de forma aislada o no:

·        aislada: ¡Caramba! ¡Anda! ¡Vaya!

·        en construcción sintagmática u oracional: ¡Caramba con el chico! ¡Anda que si hago lo que dice...! ¡Vaya si sabe cosas!

 

Locuciones interjectivas

Las locuciones interjectivas son ciertas construcciones que han quedado anquilosadas y se usan siempre del mismo modo en situaciones parecidas. Presuponen  una oración diacrónicamente anterior a la fosilización de la locución: ¡Adiós! = ¡A Dios vais!, ¡Mal rayo te parta!, ¡Bendito sea Dios!, etc.

 

La oración exclamativa

Las oraciones exclamativas guardan relación con la interjección en el hecho de que equivalen a alguna de ellas aún no creada por no ser necesaria todavía en la lengua. En la lengua escrita han de ir entre signos de admiración, pero es frecuentísima la incorrección de que ello no ocurra; así, es corriente encontrar Podría aprobar y no que ni abre los libros en lugar de ¡Podría aprobar! ¡Y no que ni abre los libros! También pueden ser clasificadas en dos tipos:

 

Exclamativas totales

Las que pudiéramos denominar exclamativas totales son aquellas oraciones que, de no ser por el tono exclamativo que las acompaña, podrían ser perfectamente consideradas como enunciativas. Pero han de ser considerados dos tipos muy diferentes:

·        el primer tipo lo conforman aquellas en que toda una oración aparentemente enunciativa se encierra entre los signos de admiración (¡!) pues es sentida como exclamativa por el emisor: ¡El niño no ha venido a la escuela! ¡Hace un calor que no se puede soportar!. Aquí podrían ser incluidas también las denominadas por otras gramáticas desiderativas: ¡Ojalá venga pronto! y, tal vez, muchas de las dubitativas (¡Lo dudo!) y de posibilidad (¡Puede que lo haga!) siempre y cuando, claro está, se pronuncien con un tonema en suspensión, que es lo usual.

·        al segundo tipo correspondería un cúmulo de oraciones castellanas, a las que denominaremos interjectivas en la lección 14ª, caracterizadas por contener un seudonexo y una entonación exclamativa: ¡La que se armó!, ¡Lo alto que está!, ¡La de chocolate que toma!, ¡Con lo que me gusta a mí la tele! ¡Por supuesto que no le hice caso! ¡Que Dios le oiga!, ¡Que sea enhorabuena!, ¡Lo que come este crío!,...

 

Exclamativas parciales

Las exclamativas parciales son aquellas oraciones en las que sólo un elemento oracional (no la oración entera) es el realmente exclamado; pueden presentar dos formas:

·        las que utilizan los que después denominaremos alusivos exclamativos: qué, quién,es, cuánto,a,os,as, cuán y cómo (véase la lección 8ª.): ¡Qué calor hace! ¡Cuánta gente había en la calle! ¡Quién lo diría!, ¡Cómo me duele! A veces queda sobreentendido el alusivo: ¡Cosa más rara!, ¡Lástima de hija!,... Es muy raro encontrarlos en construcciones indirectas: Me sorprende cuántos idiomas hablas.

·        las que  podríamos denominar exclamativas en "eco", consistentes en que, en el transcurso de un diálogo, ciertos fragmentos de la cadena hablada emitida por un interlocutor son "repetidos" exclamativamente por otro interlocutor. Puede apreciarse lo que decimos en el siguiente fragmento dialogado producido entre dos vecinas:

- Me parece que acaba de llegar tu suegra.

- ¡Mi suegra!

- Da la impresión de que no te pones muy contenta.

- ¡Contenta dice!

- Pues, creo que tendrías que ser un poco condescendiente con ella.

- ¡Yo condescendiente!