Oraciones imperativas

 

 

            Oraciones imperativas son aquellas que, al pretender influir en el receptor para que realice la voluntad del emisor, conllevan una cierta elevación del tono que, en la escritura, permitiría usar los signos de admiración. Para expresar órdenes, mandatos y exhortaciones, el castellano utiliza los distintos modos verbales, especialmente el modo imperativo, e incluso las formas no personales del verbo, además de otras formas especiales imperativas. Todo ello puede ser ejemplificado mediante el siguiente esquema (basado en la utilización imperativa del verbo callar y en el que incluimos también las incorrecciones que suelen producirse así como otras fórmulas imperativas que utiliza el castellano):

 

 

        Las oraciones imperativas en castellano pueden presentar tres formas bastante distintas en su aparición en el mensaje, lo que permitiría clasificarlas en tres tipos:

 

Imperativas totales

Las que podríamos denominar imperativas totales son aquellas que utilizan cualquiera de las formas verbales que aparecen en el esquema; ese es el caso más frecuente y el que produce formulaciones realmente imperativas ya que en todas ellas la presencia del verbo permite hablar de la emisión de una oración completa o total. Las seis formas verbales que pueden ser utilizadas son:

·        el imperativo: es el modo imperativo el único que realmente corresponde a la función conativa de la lengua, la cual, por otro lado, sólo puede ser dirigida hacia las segundas personas: ¡Calla (tú)!, ¡Cállate (tú)!, ¡Cerrad (vosotros) la ventana!. Suele producirse la incorrección de suprimir la d final del imperativo cuando lleva el personal pospuesto, la cual sólo ha de mantenerse con el verbo ir: ¡Idos! Para la primera persona del plural presentan dos formas tanto el verbo ir (¡Vayamos!, ¡Vamos!) como el verbo irse (¡Vayámonos!,¡Vámonos!).

·        el subpresente de subjuntivo se utiliza cuando la función conativa es de índole negativa (¡No salgas a la calle!), o cuando se pretende que esa función recaiga sobre otras personas que no sean las segundas (¡Callemos un momento y oigamos qué dice!) o se trate de la forma usted, que, aunque es de segunda persona, concuerda con el verbo en tercera (¡Cállese usted, hombre, y no diga barbaridades! Es frecuente e incorrecto no suprimir la s cuando se usa con personales pospuestos en la primera persona del plural: *¡Callémosnos! *¡Callémosselo!

·        el presente de indicativo produce un tipo de oración imperativa que obliga a la utilización del personal correspondiente: ¡Tú te callas ahora mismo!, ¡Vosotros no salís hasta que hayáis limpiado todo esto!

·        el futuro de indicativo es utilizado como fórmula imperativa, especialmente en textos escritos, para prohibir la realización de determinadas acciones: ¡No matarás!, ¡No desearás la mujer de tu prójimo!, ¡Harás lo que yo te diga mientras estés en mi casa!

·        la utilización del gerundio en oraciones imperativas es más bien de uso coloquial: ¡Callando ahora mismito!, ¡Venga, arrimando el hombro todos!

·        el infinitivo es usado como fórmula imperativa haciéndole preceder de la preposición a: ¡A callar!, ¡A fregar los platos y a no rechistar! Es tan incorrecta como frecuente la utilización del infinitivo solo sin preposición cuando el emisor se dirige a varios interlocutores, pues conlleva la confusión de *¡Callar! por ¡Callad!; lo mismo ocurre con la forma *¡Callaros! Puede ser usado, no obstante, el infinitivo solo, y además correctamente, para la "falacia comunicativa" de ordenar acciones pasadas: ¡Pues haberte callado!, ¡Haberlo dicho antes, hombre!

 

Imperativas parciales

Podrían ser denominadas imperativas parciales aquellas que utilizan otras formas no estrictamente verbales sino sustantivas, como ocurre en los casos siguientes:

·        cuando no se produce la oración imperativa completa con verbo, sino sólo algún elemento de la oración distinto al verbo: ¡Cuidado! ¡Paciencia! ¡Silencio! ¡El andamio, a su sitio ahora mismo!

·        cuando se utiliza solamente el denominado vocativo: ¡Juan!, que conlleva una apelación al interlocutor tan efectiva como una oración imperativa completa: si una madre observa que su hijo va a coger un cuchillo, puede gritarle simplemente ¡Joaquín!, con tanta efectividad imperativa como si le hubiese dicho ¡No cojas el cuchillo! Especial interés presenta la aparición del  vocativo dentro de este tipo de oraciones: ¡Juan, coge la pelota!, ¡Coge, Juan, la pelota! ¡Coge la pelota, Juan! ¡Juan! ¡Coge la pelota! En todas ellas el vocativo no es nunca un complemento aislado y separable de la oración, sino, como diremos en su momento, una aposición del sujeto elíptico: ¡Coge (tú), Juan, la pelota!

 

Imperativas impropias

Denominaremos imperativas impropias a aquellas oraciones de claro valor imperativo que utilizan

·        fórmulas oracionales ajenas a la oración imperativa, pero con tono expresivo que conlleva la función conativa: ¡O vienes ya o me voy! ¡Que no se repita!

·        verbos de mandato o de prohibición: ¡Te ordeno que calles!, ¡Se prohíbe hablar!