La entonación y la óptica tercera

 

 

 

            Cualquier mensaje conlleva, en su pronunciación, una leve pero perceptible melodía (o curva melódica) producida por la sucesión de sílabas tónicas y átonas. Cada sílaba alcanza al ser pronunciada una altura tonal que va produciendo a lo largo del mensaje lo que denominamos entonación. Suele decirse que es la actitud del hablante ante lo que dice lo que produce los distintos tonos expresivos: así, si el hablante se encuentra en una actitud anímica normal, emitirá su mensaje en un tono enunciativo (Aquí hace calor); si se encuentra en una actitud dubitativa, producirá un mensaje interrogativo (¿Aquí hace calor?); si se encuentra exaltado, su mensaje adquirirá un tono exclamativo (¡Aquí hace calor!); etc. Estas diferencias tonales se expresan en la escritura mediante la utilización de unos signos de puntuación especiales: ¿, ?, ¡, ! o su ausencia.

 

El grupo fónico

Esa curva melódica se corta cada vez que el hablante realiza una pausa, es decir, cada vez que el hablante termina de pronunciar un grupo fónico. La longitud de estos grupos suele ser en castellano de unas ocho a once sílabas, de ahí que la métrica castellana abunde en versos octosílabos o endecasílabos.

 

Los tonemas

Es básicamente al final de cada grupo fónico donde la curva melódica presenta un rasgo claramente perceptible (tonema) que puede ser de varios tipos:

·        suspensión (si es sostenido); es el tonema que suele aparecer en las oraciones exclamativas.

·        semicadencia y cadencia (si baja el tono); es el tonema que suele aparecer en las oraciones enunciativas, tanto afirmativas como negativas, así como en las denominadas desiderativas, dubitativas o de posibilidad.

·        y semianticadencia y anticadencia (si sube); es el tonema que suele aparecer en las oraciones interrogativas y en los grupos fónicos no iniciales ni finales de las enunciativas.

 

Podrían ser esquematizados del siguiente modo:

 

 

 

            Si bien no resulta difícil delimitar el tonema correspondiente en cada mensaje castellano, sí parece ofrecer mucha dificultad a los escritores expresar en la escritura el correcto tonema utilizado en la lengua hablada, especialmente a la hora de distinguir interrogativas de exclamativas, o estas de enunciativas. Así es muy frecuente ver escrito A mí no me gusta esto; ¿Y si no ha llegado todavía?; ¿A que no ha venido todavía?; Pues bien, haz lo que te plazca; etc., mensajes que habrían de aparecer escritos así: ¡A mí no me gusta esto!; ¡Y si no ha llegado todavía...!; ¡A que no ha venido todavía!; ¡Pues bien, haz lo que te plazca!  Lo mismo podría afirmarse respecto a la interpretación escrita de las pausas, pues la confusión entre la coma, el punto y coma, los dos puntos, el punto y seguido y los puntos suspensivos es más frecuente de lo que sería deseable.

 

Las pausas

            Las pausas consisten en un leve y casi imperceptible descanso o silencio producido tras cada emisión de un grupo fónico. En la escritura se representan, de menor a mayor, mediante los signos especiales de coma, punto y coma, dos puntos, punto y seguido, punto y aparte y punto final. Todos serán estudiados en la lección 17ª.

 

Clasificación de las oraciones desde la óptica tercera.

El tonema, como venimos diciendo, va variando según la cantidad de grupos fónicos que contenga el mensaje emitido: el grupo inicial conlleva siempre una ligera elevación de tono, pero el grupo final es el que claramente contiene el tonema esencial. Ello permite diferenciar en la pronunciación lo que en la escritura se señala mediante signos especiales de interrogación (¿?) o exclamación (¡!) o su ausencia. Así, el grupo fónico  El profesor no ha venido puede ser pronunciado con un tonema en semicadencia (escrito: El profesor no ha venido), o con un tonema en semianticadencia (escrito: ¿El profesor no ha venido?), o con un tonema en cadencia (escrito: ¡El profesor no ha venido!), lo que viene a decir que el mismo mensaje ha podido ser cifrado, respectivamente, de forma enunciativa, de forma interrogativa o de forma exclamativa. Es, pues, la entonación un rasgo fonológico pertinente (es decir, que sirve para distinguir significados) pues permite que la misma sucesión de fonemas tenga significaciones bien distintas según el tonema utilizado. Permite, por tanto, la entonación clasificar a los grupos fónicos (y, por tanto, a las oraciones emitidas en los mensajes) en enunciativas (afirmativas o negativas), interrogativas, exclamativas e imperativas. Como después veremos en la lección 13ª, cuando tratemos de la clasificación de las oraciones en castellano, este será precisamente uno de los tres modos u ópticas utilizadas en esta gramática para clasificar las oraciones: a este modo basado en la entonación lo denominaremos óptica tercera (para diferenciarlo de las otras dos, que se refieren a la clasificación de las oraciones en simples, interjectivas, compuestas y complejas -óptica primera-, o a la clasificación de las oraciones, según sean sus sujetos y complementos, en transitivas, atributivas, de suplemento, etc. -óptica segunda).