La comunicación

 

 

 

Tipos de signos

            El mundo en que vivimos está plagado de signos que, intencionadamente o no, siempre significan algo para quien los percibe. Imaginemos que vamos andando por una carretera de sierra disfrutando de un paseo matinal: en un recodo encontramos una señal triangular, con el borde rojo alrededor de un ciervo pintado en actitud de saltar; un poco más adelante vemos otro cartel cuadrado con su diagonal dividiéndolo en dos triángulos, uno blanco y otro negro; siguiendo la carretera encontramos después otro letrero en el que puede leerse "Coto privado de caza"; a los cincuenta metros, observamos restos de sangre seca en la calzada;... Todas estas percepciones son meros signos que comunican, a quien los perciba y sepa descifrarlos, un mensaje: la señal triangular viene a significar que "existe el peligro de encontrar animales sueltos en la calzada"; el cartel blanco y negro significa que "por ahí va la linde de un coto de caza"; el letrero indica claramente que "nos encontramos en un coto privado de caza"; la sangre viene a indicar que "algún animal ha sido herido"; ... Pero cada uno de estos signos es de naturaleza distinta según la semejanza o parecido que tengan con lo que significan, de ahí que puedan clasificarse en indicios, iconos y símbolos.

 

Indicios

Es un indicio la sangre seca de la calzada, pues lo que significa es indicado sin ninguna pretensión ni intención comunicativa; lo mismo ocurriría con el humo de un incendio, o con el suelo mojado, o con cualquier fenómeno natural.

 

Iconos

Es un icono el ciervo pintado en la señal, pues es una imagen muy semejante al objeto representado; lo mismo ocurriría con el cartel de "prohibido fumar" (pues representa un cigarro), o con cualquier otro que se sirva de dibujos o gráficos.

 

Símbolos

Son símbolos los tres tipos de señales colocados en la carretera, tanto el triángulo rojo (pero sólo el triángulo, no el ciervo pintado), como el cuadrado dividido en blanco y negro, como el redactado con letras castellanas. Los tres son, pues, totalmente convencionales (podrían ser de otra forma y no de esa precisamente: el triángulo podría haber sido un cuadrado, sus colores distintos, sus letras en otro idioma, etc.) y por ello no guardan relación alguna de parecido con sus significados: son, por tanto, "símbolos" de lo que pretenden significar. El que mayor rendimiento informativo presenta es el tercero de ellos, el que usa signos lingüísticos: es el más completo de todos y el que más acertadamente comunica lo que pretende.

 

Los códigos o sistemas de comunicación

            La comunicación es el fenómeno mediante el cual un receptor percibe un signo o conjunto de ellos y lo interpreta. Los códigos o sistemas de comunicación son las distintas formas en que se agrupan los signos según sean sus pobilidades comunicativas. Si circulamos por una carretera veremos multitud de indicaciones relacionadas con el tráfico de vehículos: aquí una señal obligando girar a la derecha, allí una palabra escrita en el suelo, acá un cartel sobre la cuneta con un dibujo cualquiera, allá un agente colocado de determinada postura,... Todos ellos son signos que, en su conjunto, conforman un código o sistema completo destinado a regular el tráfico. Estos sistemas de comunicación pueden ser de naturaleza lingüística o de naturaleza no lingüística y se clasifican según el sentido por el que son percibidos (auditivos, visuales y táctiles), como se muestra en el siguiente esquema:

 

  

 

Como se observará, han quedado resaltados en negrita la lengua hablada y la lengua escrita, que conforman el más perfecto sistema de comunicación conocido (los demás de naturaleza lingüística son meras sustituciones de ambos).

 

Características del signo lingüístico

            Tanto la lengua hablada como la escrita se basan en el uso del signo lingüístico; en páginas posteriores hablaremos de si está formado por vocales o consonantes, o de si tiene lexemas o sufijos, o de si es un sustantivo o un complemento directo,... Ahora sólo nos interesa que es un signo usado en la lengua (eso precisamente quiere decir "signo lingüístico") y nos podemos referir a cualquiera de los existentes en ella: pan, aceite, mí, de, cocodrilo,... Las características de cualquier signo lingüístico, tanto de nuestro idioma como de cualquier otro, son las siguientes:

 

El significado y el significante

El signo lingüístico está formado por la unión de significado y significante, lo que viene a decir que en cada signo lingüístico se aprecian siempre estas dos unidades inseparables. Imaginemos que en el patio de un colegio hay un álamo (que nadie ve desde dentro de la clase) y que, en el aula, se va a pronunciar, o a escribir en la pizarra, el nombre de ese árbol: lo que se pronuncia, o escribe, es el significante (hablado o escrito); lo que todos los integrantes de la clase imaginan que es el álamo es el significado; pero el álamo real sigue en su sitio, en el patio, no ha entrado dentro de la clase: por ello el álamo real es algo que está fuera del signo lingüístico y ha de tener otra denominación, precisamente la de referente. No ha de ser confundido, por tanto, el significado con el referente, pues el significado está dentro de la clase (junto al significante), pero el álamo real o referente no ha entrado en ella ni al pronunciarlo ni al escribirlo.

 

La arbitrariedad

El signo lingüístico es arbitrario, porque a ese referente álamo, que es parecidísimo al que pueda haber en el patio de un colegio inglés, no es denominado en Inglaterra con el mismo signo lingüístico, sino con otro cualquiera, que resulta ser poplar. Otro ejemplo: en castellano se denomina niño a cualquier chiquillo, pero el mismo referente es denominado en inglés child, en francés enfant, y así sucesivamente en cualquier otra lengua, señal evidente de que la relación que existe entre cualquier referente y el signo lingüístico que se le aplica es totalmente arbitraria. No obstante, algunos signos lingüísticos guardan cierto parecido con su referente: al signo producido se le denomina entonces onomatopeya pues ya no es totalmente arbitrario: así ocurre, por ejemplo, con el signo tictac, cuya pronunciación o significante reproduce casi idénticamente el referente al que nombra; por ello en otras lenguas, como el inglés, el signo usado es muy parecido: tick. Otras onomatopeyas son: kikiriki, atchís, ronronear, etc.

 

La linealidad

El signo lingüístico es también lineal, es decir, todos los signos lingüísticos se van pronunciando uno después del otro o escribiendo de izquierda a derecha según un orden establecido y fijo. Así, militar significa lo que significa porque se ha pronunciado en ese orden lineal; si no hubiese sido así, podría haber sido pronunciada la combinación limitar, que, aunque tiene los mismos sonidos o letras, ya corresponde a otro signo muy distinto. En otras lenguas el orden es también importantísimo, aunque sea de distinta forma: el árabe se escribe de derecha a izquierda; el chino, de arriba hacia abajo, etc.

 

El carácter relativo y negativo

El signo lingüístico es relativo y negativo al mismo tiempo, es decir, su valor es relativo por negación: así, el signo álamo no significa realmente nada en sí mismo, sino que, en relación a los demás árboles existentes, álamo significa que no es peral, que no es olmo, que no es ningún otro árbol excepto ese que sí es (álamo). Del mismo modo, dentro del sistema de las vocales castellanas, la a no significa nada, sino que su valor, en relación con las otras vocales, está en que no es ni e, ni i, ni o ni u. Otro ejemplo: cualquier pieza de un motor de coche encontrada en el suelo no tiene valor alguno en sí misma; su valor estriba en que, como es la pieza que falta a un motor determinado, si la encuentra el que la perdió adquiere entonces todo su valor pues con ella ya tiene su dueño todo el motor completo; sin esa pieza el resto del motor no funcionaba, pero con ella ya funcionan tanto esa pieza como todas las restantes. El valor, pues, de cada pieza aislada es nulo (negativo) y sólo se convierte en positivo cuando se pone en relación (relativo) con los restantes elementos de su sistema.

 

La doble articulación

El signo lingüístico está doblemente articulado, es decir, que todos los signos están formados por unidades más pequeñas que, articuladas o mezcladas entre sí, conforman el signo. Así, el signo mesita está formado por dos unidades más pequeñas (mes-ita), denominadas monemas pues cada una de ellas tiene significado (mes- significa lo que todos entendemos por "mesa", e -ita significa "que es pequeña"; la suma de estos dos monemas da como resultado el signo completo mesita, que significa "mesa pequeña"). Pero, al mismo tiempo, cada una de estas unidades menores o monemas también está formada por otras aún menores denominadas fonemas: /m/ /e/ /s/ /i/ /t/ /a/. De ahí que se hable de una doble forma de articulación en los signos lingüísticos.

 

El carácter funcional

El signo lingüístico es funcional, ya que cumple una determinada función sintáctica dentro de la cadena hablada o escrita en que aparezca usado: cualquier signo conlleva intrínsecamente una función que le permite unirse a los inmediatos anteriores y posteriores para así producir un mensaje. El signo álamo aparecido en el mensaje El álamo del patio es alto cumple la función sintáctica de núcleo del sintagma nominal sujeto; y en Han talado un álamo el mismo signo cumple la función de complemento directo. Otro ejemplo: si la pieza de motor encontrada en el suelo fuese un tornillo y es colocada en su lugar correspondiente del motor, su función consistirá en unir otras dos piezas mediante ese tornillo.

 

La inmutabilidad

El signo lingüístico es inmutable, pues ningún hablante puede cambiarlo individualmente a su antojo, so pena de no ser entendido su mensaje. Pero a lo largo de la historia pueden ir produciéndose ligeros cambios en los signos que pueden derivar algún día en cambios apreciables: es lo que ha ocurrido en la evolución del latín al castellano, por ejemplo.

 

Esquemas de la comunicación

            Todos los sistemas de comunicación funcionan de modo semejante pues todos persiguen lo mismo: que "alguien" comunique "algo" a "alguien". El más completo de todos es, evidentemente, el de la comunicación lingüística humana, que ha sido estudiado por la Semiología o Semiótica;  varios han sido los esquemas propuestos para su comprensión:

 

 

 

Esquema conductista

El esquema conductista se basa en las ideas de estímulo y respuesta al señalar que a un estímulo (E) del emisor le sucede una respuesta lingüística (r), la cual desencadena en el receptor un estímulo (e) que provoca otra respuesta lingüística (R).

 

 Esquema de Bühler

Un poco más complejo es el esquema de Bühler, quien señala que los mensajes son símbolos de los objetos y se convierten en síntomas para el emisor y señales para el receptor.

 

Esquema de Jacobson

El esquema de la comunicación humana más conocido y completo es el esquema de Jacobson, quien indica que un emisor envía un mensaje a un receptor (dentro de una determinada situación o contexto) a través de un canal y en un código cifrado. A cada uno de esos factores de la comunicación le correspondería una función especial de la lengua (o varias, como ocurre con el emisor, el mensaje y el receptor), como se aprecia en el esquema 2.

 

Los factores de la comunicación

            En mayúsculas aparecen en el esquema 2 los factores de la comunicación. Para su comprensión, podemos apoyarnos en el siguiente ejemplo: un conductor (receptor) circula por una calle debidamente señalizada con semáforos y en un determinado cruce de calles (contexto o situación) percibe que un semáforo tiene la luz roja, lo cual indica que ha de detenerse (mensaje): esa luz funciona mediante electricidad y el conductor puede verla (canal) y ha sido puesta allí por el organismo competente (emisor); de nada serviría esa luz si el conductor no conociera las normas que regulan esos artilugios y supiera que el rojo, el ámbar y el verde son los posibles colores que pueden aparecer en el semáforo (según dice el código). Los factores intervinientes en un acto de comunicación son, por tanto:

 

El emisor

El emisor es el productor del mensaje.

 

El mensaje

El mensaje es la sucesión de signos codificados que conllevan la información transmitida y comunicada.

 

El receptor

El receptor es el que recibe y descifra el mensaje emitido, y el que, a su vez, puede convertirse en emisor de otro mensaje.

 

El código

El código es el sistema de signos empleado en el mensaje.

 

El canal

El canal es el conducto o medio a través del cual se transmite el mensaje. Cuando es utilizada la lengua hablada suelen producirse redundancias o repeticiones (que pretenden básicamente evitar la ruptura del canal debida a ruidos, distracciones, etc.) como subir el volumen de la voz, realizar gestos con la cabeza, manos, dedos, etc., repetir el mensaje o fragmentos de él para una mejor comprensión, articular de modo pausado y clarificador, articular en un determinado tono especial, etc. Todos estos fenómenos son estudiados por la Paralingüística y la Cinética.

 

La situación y el contexto

La situación y el contexto son los fenómenos externos al acto de la comunicación. Aunque ambos vienen a ser lo mismo en el acto comunicativo, en puridad se refieren a dos realidades distintas:

·        la situación se refiere a los aspectos externos y físicos que rodean a los intervinientes en el acto real de la comunicación: distancia entre emisor y receptor, distribución espacial de ambos, espacio o lugar de la comunicación, etc., todo ello estudiado por la Proxémica.

·        el contexto se refiere a los aspectos internos tanto del emisor, como del receptor, como del mensaje producido, por lo que se refiere a otras dos realidades bien distintas:

o       la cultura individual del emisor y del receptor: en el acto de comunicación intervienen circunstancias tales como la formación e información social, histórica, literaria, cultural, etc., de cada individuo, lo que permite, por ejemplo, que un conferenciante sea entendido por sus oyentes; si a una conferencia asiste una persona inculta, no existirá ninguna comunicación con ella ya que su contexto individual no le permite establecerla.

o       la cantidad de mensaje producido: el contexto se refiere también a los distintos fragmentos de mensaje producidos antes y después del momento actual de la comunicación, lo que permite que mensajes como Ella estuvo allí sean interpretados correctamente pues en un momento anterior o posterior del mensaje se alude a quién era ella y a qué lugar es allí.

 

Las funciones del lenguaje

En minúsculas aparecían en el esquema 2 las funciones del lenguaje: a cada factor de la comunicación le corresponde una posible función especial del lenguaje (o varias). Y es que en cada mensaje emitido intervienen todos los factores y, en mayor o menor grado, todas las funciones. Es difícil imaginar un acto comunicativo tal en el que se produzcan de modo claro y contundente todas las funciones a la vez, pues siempre prevalece alguna de ellas y otras sólo son perceptibles en mensajes muy especiales; pero podemos, por ejemplo, imaginar al poeta que sale de su cuarto dando un portazo mientras grita a su familia (la cual está tan tranquila viendo la televisión en el salón) el siguiente mensaje:

 

¡Nadie se mueva de sitio

ni diga media palabra

hasta que no pronunciéis

una que rime con cabra!

 

Es evidente que el mensaje que ha pronunciado el pobre poeta delata a todas luces la situación en que se encuentra: tal vez lleva en su cuarto un buen rato luchando en silencio con las rimas de un poema sin encontrar la palabra de su gusto y agrado. Su enfado es perceptible y, harto de luchar solo con su juego poético particular, opta por dejar su aislamiento y entrar en "sociedad", por lo que se dirige a su familia y les suelta un mensaje bastante poético. La suegra (que no está en el salón pero lo ha oído todo desde otra habitación colindante) ha percibido claramente, con sólo oír el mensaje de su yerno, todas las funciones que puede desempeñar el lenguaje:

 

Representativa

Ha percibido la representativa, pues lo que ha oído le ha mostrado perfectamente, sin necesidad de verla, la situación en que se encuentran los restantes miembros de la casa: otro atranque poético de su yerno y sus consecuencias. Se produce esta función siempre que en el mensaje se alude a la situación o contexto del acto de la comunicación. Esta función se produce también, por ejemplo, en el mensaje El árbitro ha anulado el gol del delantero, que sólo puede emitirse en la situación de un partido de fútbol. Otros mensajes con clara función representativa serían La lavadora se ha estropeado o Vengo a que le miren los frenos al coche.

 

Social y conativa

La abuela también ha percibido las funciones social y la conativa, puesto que el poeta

§        primeramente, ha salido de su aislamiento y ha usado socialmente su capacidad de lenguaje para exteriorizarse y comunicar algo a otros hablantes. Esta función social tiene lugar siempre que el emisor deja su soliloquio interno y dialoga con el receptor.

§        en segundo lugar, ha obligado otra vez a los familiares a encontrarle la dichosa rima que le falta a su poema. Esta función conativa tiene lugar cuando se dirige el mensaje hacia el receptor para que realice o deje de hacer algo. La misma función tendría el mensaje Pásame la pelota en un partido de fútbol. También hay función conativa en mensajes como Espero que sea la última vez que llegas tarde o ¡No tires papeles al suelo!

 

Mental y emotiva

También ha podido percibir la suegra del poeta las funciones  mental y emotiva, pues

§        primeramente, ha estado su yerno a solas en su cuarto pensando (se piensa con el lenguaje) y razonando su poema con mayor o menor éxito. Esta función mental tiene lugar siempre, no sólo cuando el emisor se encuentra incomunicado con otros (todo hablante está siempre en comunicación lingüístico-mental consigo mismo) sino también cuando se encuentra en comunicación con los demás, ya que mientras se habla o se escribe también sigue el emisor utilizando el lenguaje para su propio pensamiento mental.

§        en segundo lugar, los gritos, la entonación, etc., con que hablaba el poeta han mostrado nuevamente a la suegra el estado de enfado de su yerno, tan frecuente en estos casos. Es una función, la emotiva, que se presenta siempre que el mensaje deja ver los sentimientos o estados psíquicos del emisor. En el campo de fútbol, tendría esta función el mensaje ¡Qué poco ha faltado para que entre el balón! Mensajes con función emotiva pueden ser también ¡Qué desgraciado soy! o Su reacción me produjo mucho enfado.

 

Lúdica y poética

Las funciones lúdica y poética también han podido ser percibidas por la abuela, ya que

§        primeramente, el poeta, como tiene por costumbre, ha estado distrayéndose y jugando mentalmente con su entretenimiento poético, sin mayor pretensión que la de pasar el rato poetizando a su antojo; además, su mensaje muestra claramente la actitud casi "teatral" o "cómica" que ha adoptado el emisor ante su problema. Se produce esta función lúdica siempre que se usa el lenguaje para fines no de utilidad inmediata sino lúdicos.

§        en segundo lugar, los mensajes del yerno de esta señora raramente no son poesías o algo por el estilo. Esta función poética es la típicamente literaria y se produce cuando el mensaje emitido conlleva cierto valor poético o literario. Si nos colocamos en el terreno futbolístico, podría tener función poética un mensaje como La gente de la grada está muy contrariada pues se ha procurado que rimen entre sí dos palabras. También conllevan función literaria los mensajes El sol está diciendo adiós al horizonte y Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar.

 

Metalingüística

También la función metalingüística ha sido expresada en el mensaje del yerno, pues el ofuscado poeta ha dicho en castellano que le busquen "una palabra en castellano". Es una función que sólo aparece cuando el código usado hace referencia al mismo código que se está usando. En el terreno futbolístico sería muy difícil hallar un mensaje en el que pudiese observarse esta función pero puede percibirse en  mensajes como Ventana se escribe con uve o Ha cogido un Resfriado con mayúscula.

 

Fática

La fática es otra más de las funciones emitidas en el mensaje del yerno, ya que ha dicho también que esa palabra "ha de ser pronunciada". Es función difícil de encontrar, pero se presenta cuando el mensaje hace especial hincapié en el canal utilizado. También sería muy difícil de encontrar en el mundo del fútbol, pero presentan esta función muchos mensajes expresados mientras se habla por teléfono: ¡Sí, sí! ¿Oiga? ¿Sí? ¡Aquí estoy ya!

 

La función básica

Es dificultoso encontrar casos como el que nos ha servido de ejemplo, en el que han podido ser rastreadas todas las funciones posibles del lenguaje en un solo mensaje. Lo usual es que cada mensaje contenga una función básica y otras de segundo orden. Así, la representativa es la función básica del mensaje ¡Aquí hace un frío de varios grados bajo cero!; la conativa es la más llamativa en el mensaje ¡Cierra la puerta, que no entre ya más frío!; la emotiva es la principal del mensaje ¡No se puede aguantar el frío que hace!; la poética es tal vez la sobresaliente en un mensaje como ¡De este frío yo no me río!; la metalingüística parece ser la pretendida con un mensaje como ¡Aquí hace un frío con F mayúscula!; y la fática puede ser la básica en mensajes como ¡Hace un frío que corta las palabras!. Pero en todas ellas subyace siempre la representativa (pues se alude al frío reinante), en casi todas puede encontrarse la emotiva (pues quien habla nota el frío y se queja), etc.